Propietarios que no limpian sus fincas y herederos ilocalizables complican la prevención de los incendios forestales
Los expertos reconocen que es imposible retirar toda la maleza del monte, pero piden más control y una planificación integral del territorio

Propietarios que no limpian sus fincas y herederos ilocalizables complican la prevención de los incendios forestales
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Lugo
Con la llegada de la primavera, desde la administración local empiezan a enviarse las primeras notificaciones a los propietarios de terrenos forestales de mantener limpias las plantaciones y las conocidas como franjas de prevención de incendios forestales. Se trata de una gestión que depende directamente de los titulares, pero que en muchos casos se incumple. La dificultad para identificarles, por un lado, y la falta de control sobre si se ejecutan los trabajos exigidos o no, hacen que en muchos casos llegue el verano y sigan sin limpiar.
Según la legislación actual, explica la directora de la EPSE de Lugo, se contemplan diferentes distancias en las franjas de protección según el tipo de especie y el tipo de infraestructura. Por un lado, en el caso de especies frondosas, como "castaños, robles o fresnos", es de quince metros. Si hablamos de "especies altamente inflamables", entre las que se encuentran "pinos o eucaliptos", se amplía a treinta.
Romero matiza que la medida se toma con referencia "a la propia vivienda y no al cierre o muro que la rodea, en caso de haberlo". En caso de que se trate de construcciones consideradas "peligrosas", como "campings, gasolineras o infraestructuras industriales", la distancia aumenta a cincuenta metros. En todo caso, estas medidas varían según la comunidad autónoma: "En la vecina Asturias con estas especies altamente inflamables se imponen 75 metros", más del doble.
Proteger a las personas y economizar medios
El objetivo de estas franjas de prevención es claro: evitar que el fuego se acerque a viviendas o construcciones en caso de incendio y salvaguardar la integridad de las personas que las habitan. Además, esta medida preventiva permite sacar más partido de los medios de extinción: "Si hay un incendio, lo primero es salvar las vidas y si se puede las infraestructuras de vivienda, pero si eso más o menos lo tenemos protegido y controlado, podemos tratar de salvar la mayor parte de zonas forestales".
Ese es el objetivo, pero el incumplimiento de la legislación por parte de los propietarios y la falta de supervisión por parte de la administración, dibujan otra realidad. Quedó de manifiesto con la ola de incendios del verano de 2025. "Vimos como alrededor de las casas no hay mantenimiento de la biomasa que las rodea", señala la profesora, "y ahí es donde surgen los problemas".
"Por eso es tan importante que cada propietario se preocupe y se ocupe de mantener lo suyo", concluye la experta. Sin embargo, donde pone el foco es en la administración competente, la autonómica: "Efectivamente es el propietario quien debe hacerlo, pero si no lo hace, por encima está la administración que tiene que velar por el bien de todos, es decir, porque no aparezca el propietario puede quedar sin limpiar".
Parches frente a planificación
Esta medida preventiva no puede ser eficaz por sí sola, sino que debe formar parte de una planificación que tenga en cuenta la totalidad del territorio. Rosa Romero lo tiene claro: la prevención de incendios "debe pasar en primer lugar por organizar lo que tenemos y mientras no se haga eso vamos a tener problemas.
"Hay que identificar cuáles son los espacios urbanizados, los que dedicamos a la agricultura, cuáles se dedican a la producción de madera y dentro de estos qué tipo de especies madereras, en función de ellas establecer cortafuegos o plantaciones mosaicos", desarrolla. Todo esto está "perfectamente estudiado", asegura, y añade que mientras no se "ponga en práctica", lo demás van a ser "parches". Aunque reconoce que "tener todo el monte limpio es imposible", considera que hace falta una mejor planificación de la prevención.
Después del incendio: el caso de Quiroga
En el municipio de Quiroga no hay que pensar en limpiar la superficie forestal. La ola de incendios de este verano arrasó buena parte de ella y en la superficie quemada no hay nada que limpiar. Sin embargo, su alcalde, José Luís Rivera, explica que están buscando fórmulas para proteger el monte que se salvó del fuego.
"Vamos a intentar conformar un equipo municipal para echar una mano a los propietarios en la limpieza de las franjas", explica, "sobre todo pensando en las personas mayores". Entiende que muchas de ellas no tienen recursos para gestionarlo: "Las pensiones del rural son mínimas, más de la mitad están entre los 600 y los 800 euros, así que queremos echarles una mano".
En la otra punta de la provincia, en el municipio de Trabada, ya han puesto en marcha una herramienta parecida. En su caso, explica el alcalde, lo que buscan es poner las cosas lo más fáciles posibles para los vecinos. "Puedan solicitarla los propios particulares en el Concello y nosotros actuamos", señala Rubén García. En este caso se cobran unas tarifas según el precio de mercado para "evitar hacer competencia desleal".
A pesar de que ambos Concellos han firmado con la Seaga el convenio por el que la empresa pública de Galicia se hace cargo de forma subsidiaria de la limpieza si los propietarios no se implican, García reconoce que "si somos realistas, hay que ser consciente de que Seaga no llega a todas las fincas de Galicia". Por eso buscan alternativas.
Sin embargo, el principal problema con el que se encuentran los Ayuntamientos está en identificar a los propietarios. En algunos casos, a pesar de saberse quiénes son la dificultad está en encontrarlos. "Sin ir más lejos, aquí en Trabada llevamos meses detrás de una finca cercana a unas viviendas en la parroquia de A Vilapena y es imposible", cuenta, "porque cuando damos con fincas con muchos herederos no tenemos solución".




