¿Es peor el remedio que la enfermedad? Cómo reducir los efectos secundarios de algunos medicamentos
Muchos pacientes abandonan tratamientos por molestias como diarrea, estreñimiento o fatiga. Blanca González explica en La Rebotica por qué ocurre y cómo algunos suplementos pueden ayudar a reducir esos efectos

A Coruña
En la farmacia hay una frase que se repite con mucha frecuencia: “es peor el remedio que la enfermedad”. Muchos pacientes comienzan un tratamiento médico y, al notar los primeros efectos secundarios, se plantean dejarlo.
Sin embargo, en muchos casos existen soluciones para reducir esas molestias sin abandonar la medicación. Así lo explica la farmacéutica Blanca González, que recuerda que los profesionales sanitarios siempre valoran el equilibrio entre beneficios y riesgos antes de recetar un medicamento.
Cuando un médico prescribe un tratamiento, lo hace porque considera que es necesario. Si aparecen efectos secundarios, lo recomendable es consultar con el farmacéutico o el médico, ya que muchas veces se pueden aliviar con pequeñas medidas o con suplementos específicos.
Leer el prospecto… pero con contexto
Muchas personas leen el prospecto de un medicamento y se asustan al ver la lista de posibles efectos adversos. A veces incluso deciden no tomar el tratamiento por miedo a esos síntomas.
Sin embargo, los prospectos incluyen todos los efectos que se han registrado, incluso los menos frecuentes. Por eso es importante entender que no significa que todos los pacientes vayan a sufrirlos.
Los profesionales sanitarios recomiendan conocer los efectos más habituales para poder identificarlos, pero también recordar que la mayoría de los tratamientos están bien estudiados y son seguros cuando se utilizan correctamente.
Antibióticos y probióticos, un clásico en farmacia
Uno de los ejemplos más conocidos en farmacia es el de los antibióticos. Estos medicamentos son muy eficaces para eliminar infecciones bacterianas, pero también pueden alterar la microbiota.
El motivo es que no distinguen entre bacterias buenas y malas, por lo que pueden arrasar con la flora intestinal, bucal o vaginal. Como consecuencia, algunos pacientes sufren diarrea o infecciones por hongos.
Para prevenir estos problemas, es habitual recomendar probióticos, que ayudan a restablecer el equilibrio de la flora. Eso sí, es importante tomarlos correctamente: separados del antibiótico al menos dos horas y eligiendo cepas adecuadas, ya que la eficacia depende en gran medida de ellas.
Opioides y estreñimiento
Los analgésicos opioides, como el tramadol, se utilizan en casos de dolor crónico o intenso. Uno de sus efectos secundarios más frecuentes es el estreñimiento.
Estos medicamentos ralentizan el movimiento intestinal, lo que puede provocar molestias digestivas. Por eso se recomienda aumentar el consumo de fibra, beber más agua y mantenerse activo dentro de lo posible.
Cuando estas medidas no son suficientes, los complementos de fibra pueden ser una ayuda eficaz para mejorar el tránsito intestinal.
Estatinas y dolor muscular
Otro caso muy frecuente es el de las estatinas, medicamentos utilizados para reducir el colesterol. Muchas personas dejan el tratamiento porque experimentan dolor muscular, cansancio o sensación de fatiga.
Esto ocurre porque las estatinas bloquean una enzima que interviene en la producción de colesterol, pero esa misma vía también participa en la síntesis de la coenzima Q10, una sustancia fundamental para la energía celular.
Cuando disminuyen sus niveles pueden aparecer molestias musculares o fatiga. En algunos pacientes, la suplementación con coenzima Q10 puede ayudar a mejorar estos síntomas sin necesidad de abandonar el tratamiento.
Tratamientos para acné severo o rosácea
Los tratamientos con isotretinoína oral, utilizados para casos de acné severo o rosácea, también pueden provocar efectos secundarios, aunque actualmente se emplean dosis más bajas que hace años.
Uno de los problemas más frecuentes es la sequedad de piel y mucosas. Los pacientes pueden notar labios muy secos, irritación ocular o molestias en la mucosa nasal.
Por eso es fundamental mantener una hidratación adecuada durante todo el tratamiento. Los especialistas suelen recomendar cremas con ácido hialurónico, bálsamos labiales y productos específicos para hidratar ojos y mucosas.
Además, algunos suplementos como los omega-3 o los omega-7 pueden ayudar a mejorar la hidratación de la piel y aliviar estos síntomas.
Consultar siempre antes de dejar un tratamiento
La conclusión que repiten médicos y farmacéuticos es clara: no se debe abandonar un tratamiento sin consultar previamente.
En muchos casos, los efectos secundarios pueden prevenirse o aliviarse con medidas sencillas. Y cuando existe una solución, el remedio deja de ser peor que la enfermedad para convertirse en lo que realmente debe ser: una herramienta para mejorar la salud.




