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¿Qué impacto ambiental tiene el mejillón que consumimos? Fresco, congelado o en conserva

La ciencia analiza el impacto ambiental del mejillón gallego y descubre que la forma de consumirlo también influye

Curiociencia: ¿Qué impacto ambiental tiene el mejillón que consumimos?

Curiociencia: ¿Qué impacto ambiental tiene el mejillón que consumimos?

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A Coruña

Galicia tiene la suerte de contar con algunos de los mejores pescados y mariscos del mundo. Pocos discuten la calidad del producto, su sabor o sus excelentes propiedades nutricionales. Además, en muchos casos hablamos de productos de proximidad y con una tradición productiva muy vinculada al medio natural.

Pero hay una cuestión cada vez más interesante desde el punto de vista científico y ambiental: cómo influye la forma en que consumimos estos productos en su impacto ecológico.

De ello se habló en una nueva entrega de CurioCiencia con Marcos Pérez, director de los Museos Científicos Coruñeses, a partir de un estudio reciente sobre la huella ambiental del mejillón según su forma de consumo.

Un alimento con baja huella ambiental

El mejillón cultivado en Galicia es, en términos generales, uno de los alimentos más sostenibles que podemos consumir. Se produce principalmente en las bateas de las rías gallegas —especialmente en la ría de Arousa— y tiene una particularidad muy importante: se alimenta de fitoplancton de forma natural.

Eso significa que no necesita piensos ni fertilizantes para crecer. El sistema de cultivo, por tanto, tiene un impacto ambiental relativamente bajo si se compara con otros alimentos.

Un estudio sobre la huella de carbono

Un estudio científico en el que participaron investigadores del Instituto Español de Oceanografía y de la Universidad de Santiago de Compostela analizó la huella ecológica del mejillón teniendo en cuenta toda la cadena de producción.

El trabajo comparó tres formas habituales de consumo:

  • mejillón fresco
  • mejillón congelado
  • mejillón en conserva

Las cifras muestran diferencias interesantes. El mejillón fresco genera aproximadamente 4 kilos de CO₂ por cada kilo de producto, mientras que el mejillón congelado ronda los 3,5 kilos. En cambio, el mejillón en conserva supera los 8 kilos de CO₂ por kilo.

Aun así, siguen siendo cifras muy bajas si se comparan con otros alimentos habituales. Por ejemplo, la carne de vacuno puede alcanzar entre 30 y 40 kilos de CO₂ por kilo de producto.

Cómo se calcula el impacto ambiental

Para calcular esta huella ecológica no se analiza solo el producto final. Los investigadores estudian toda la cadena de producción.

En el caso del mejillón entran en juego varios factores. Primero está el cultivo en las bateas, con los barcos que trabajan durante el tiempo de crecimiento del molusco. Después llega el proceso de depuración, imprescindible para garantizar que el producto sea seguro para el consumo.

A partir de ahí aparecen otras fases: el procesado industrial —especialmente en el caso de las conservas—, la fabricación de las latas y, finalmente, el transporte y distribución hasta el consumidor.

En conjunto, el estudio estima que aproximadamente un 45 % del impacto corresponde a la producción y manipulación inicial, alrededor de un 42 % al procesado, y cerca de un 20 % al transporte.

La sorpresa del mejillón congelado

Uno de los resultados más llamativos del estudio es que el mejillón congelado tiene una huella de carbono ligeramente menor que el fresco.

La explicación está en el transporte. Cuando el mejillón viaja fresco lo hace con su concha, lo que aumenta mucho el volumen y el peso del producto que hay que mover. En cambio, el mejillón congelado suele transportarse solo con la carne, lo que reduce considerablemente el peso y el espacio necesario.

Esa diferencia logística termina traduciéndose en menos emisiones durante el transporte.

¿Cuál es la opción más sostenible?

Si se mira únicamente el impacto ambiental, el orden sería claro:primero el mejillón congelado, después el fresco y finalmente el en conserva.

Pero los propios investigadores recuerdan que esta información sirve sobre todo para entender mejor cómo funciona la cadena alimentaria. Las conservas forman parte de la cultura gastronómica gallega y muchas tienen una calidad extraordinaria.

Al final, ya sea recién salido de la ría, congelado o en una buena lata en escabeche, el mejillón sigue siendo uno de los alimentos más sostenibles y saludables de nuestra dieta.

 

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