Vigo pierde a Fernando Franco, cronista social de la ciudad
El periodista falleció a los 75 años tras una larga enfermedad

Imagen del periodista Fernando Franco / Faro de Vigo

Vigo
El periodismo vigués despide a uno de sus nombres más reconocibles. El periodista Fernando Franco falleció en las últimas horas en Salamanca a los 75 años, tras luchar durante tiempo contra una grave enfermedad. Su muerte supone la pérdida de una de las voces más características de la crónica social y cultural de Vigo.
Nacido en 1951 en pleno Casco Vello, Franco desarrolló prácticamente toda su trayectoria profesional vinculado al decano de la prensa española. Desde comienzos de la década de 1980 comenzó a firmar columnas y crónicas que pronto se convirtieron en un referente para entender la vida cotidiana de la ciudad.
Su estilo, reconocible y cercano, mezclaba ironía, sensibilidad y una mirada muy personal hacia los protagonistas de la actualidad viguesa. Durante años fue capaz de contar la ciudad desde dentro: desde actos culturales y eventos sociales hasta pequeñas historias humanas que terminaban reflejando la identidad de Vigo.
Una firma imprescindible en la vida social viguesa
Fernando Franco fue mucho más que un cronista. Con el paso del tiempo se convirtió en un auténtico observador de la sociedad viguesa, alguien que conocía a fondo el pulso de la ciudad y que sabía convertir una simple escena cotidiana en una historia con alma.
Su mirada curiosa y su tono amable hicieron que muchos lectores lo identificasen como una especie de memoria viva de Vigo, capaz de recordar personajes, anécdotas y episodios que habían marcado la vida social de la ciudad.
Incluso después de su jubilación continuó vinculado al periodismo y siguió colaborando con el periódico en el que había desarrollado gran parte de su carrera, demostrando que su pasión por contar Vigo seguía intacta.
Con su fallecimiento desaparece uno de los grandes cronistas de la Vigo contemporánea, un periodista que durante décadas narró la ciudad con una mezcla de curiosidad, respeto y complicidad que lo convirtió en una firma imprescindible para generaciones de lectores.




