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Sociedad

Galiclown: los payasos que curan sonrisas en el hospital de Vigo

La asociación lleva alegría a oncología, UCI y salud mental infantil del Álvaro Cunqueiro

Vigo

¿Se puede llevar la alegría a un hospital? En Vigo, la respuesta es sí. Lo saben bien los niños y niñas ingresados en áreas como oncología, la UCI o la unidad de salud mental infantojuvenil del Hospital Álvaro Cunqueiro, donde la rutina cambia por completo cuando aparecen los voluntarios de Galiclown.

Bajo nombres como el doctor Woki o la doctora Sugar, estos payasos recorren pasillos, habitaciones y ascensores convirtiendo, aunque solo sea por unos minutos, un entorno difícil en un espacio de risas y desconexión.

Detrás de esos personajes están personas como Javier Argüelles y Dulce Suárez, que antes de cada visita cruzan la puerta de un pequeño local cedido por la concesionaria del hospital. Allí se transforman. Literalmente. Entran como ellos mismos y salen convertidos en payasos listos para repartir ilusión de forma voluntaria.

Mucho más que entretenimiento

Cada semana, varios días, Galiclown recorre el hospital con un objetivo claro: hacer más llevadera la estancia de pacientes, familias e incluso del propio personal sanitario.

“No podemos curar el cuerpo, pero si podemos ayudar a curar el alma”, explican desde la asociación. Y lo hacen con herramientas sencillas pero efectivas: trucos de magia, juegos, improvisación y, sobre todo, cercanía.

La presidenta de la asociación, Jesica Ibáñez, destaca que su labor también contribuye a mejorar el estado emocional de los pacientes, algo clave incluso para afrontar tratamientos médicos.

Vocación y compromiso

Aunque muchos de los voluntarios ya tenían una vena cómica previa, lo cierto es que, como ellos mismos reconocen, lo más importante es la actitud y las ganas de ayudar.

La asociación anima a nuevas personas a sumarse a este proyecto, en el que la colaboración es fundamental. No solo entre voluntarios, sino también con la gerencia del hospital y la concesionaria, que facilitan su labor.

Porque, aunque haya días difíciles, todos coinciden en lo mismo: compensa. Cada sonrisa arrancada, cada momento de desconexión, es una pequeña victoria.

Y así, entre batas, narices rojas y risas, Galiclown demuestra que, a veces, la mejor medicina no se receta… se siente.

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