El “Maquiavelo español” que conquistó Inglaterra desde Galicia: la historia del Conde de Gondomar
El diplomático gallego que manejó la política inglesa en el siglo XVII con inteligencia, cultura y estrategia, sin recurrir a la guerra

HIstorias de Galicia que nadie te habia contado: El Conde de Gondomar
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A Coruña
Todavía quedan muchas historias de Galicia por descubrir, y algunas parecen sacadas de una novela política. Cada semana nos las cuenta Iván Fernández Amil en La Ventana de las Rías. Es el caso de Diego Sarmiento de Acuña, el Conde de Gondomar, un hombre que logró influir en la corte inglesa sin recurrir a ejércitos, solo con inteligencia, cultura y estrategia.
Su figura fue tan impactante que llegó a ser considerado el auténtico “Maquiavelo español”.
El origen del apodo: entre Maquiavelo y la diplomacia
El término no es casual. Nicolás Maquiavelo, autor de El Príncipe, defendía que el poder no se mantiene con moral, sino con astucia y estrategia. Sus ideas, revolucionarias en el siglo XVI, marcaron la política europea durante siglos.
Un siglo después, en Inglaterra, muchos vieron en Gondomar la encarnación de ese pensamiento: un diplomático capaz de mover los hilos del poder desde la sombra.
Un noble con raíces gallegas
Aunque nació en Astorga, su identidad estaba profundamente ligada a Galicia. Su familia pertenecía a la nobleza gallega y poseía la villa de Gondomar, en Pontevedra.
Desde joven destacó por su talento. Con apenas 18 años ya participaba en la defensa de la costa gallega frente a los ataques ingleses, en episodios como la resistencia a Francis Drake o la defensa de A Coruña junto a María Pita.
De soldado a intelectual brillante
Gondomar no era solo un hombre de armas. Era también un gran lector, políglota y experto en derecho. Su formación y su capacidad intelectual lo llevaron a ocupar cargos clave en la administración de la monarquía española.
Poco a poco fue ascendiendo hasta llegar a una misión crucial: convertirse en embajador en Inglaterra en 1612.
La misión: evitar la guerra con Inglaterra
En plena tensión europea, con la Guerra de los Treinta Años en el horizonte, su objetivo era claro: impedir que Inglaterra se alinease contra España.
Pero su estrategia fue diferente a la habitual. No recurrió a la fuerza ni al dinero, sino a algo mucho más sutil: la influencia personal.
Cómo sedujo políticamente a la corte inglesa
Gondomar conectó rápidamente con el rey Jacobo I. Ambos compartían intereses como la teología, los libros y el dominio del latín. Esa afinidad se convirtió en una poderosa herramienta diplomática.
Su influencia fue tal que en Inglaterra se llegó a decir que el embajador español participaba directamente en las decisiones del rey.
La gran jugada: un matrimonio estratégico
Uno de sus movimientos más ambiciosos fue proponer el matrimonio entre el príncipe de Gales, futuro Carlos I, y una hija de Felipe III.
Aunque nunca se materializó, la propuesta cumplió su objetivo: mantener a Inglaterra ocupada y alejada de conflictos contra España durante años.
El precio del éxito: odiado en Londres
Su habilidad diplomática no pasó desapercibida. En Londres se convirtió en una figura profundamente odiada.
Se publicaron panfletos contra él e incluso se escribió una obra de teatro donde era retratado como un villano. La polémica fue tan grande que el propio rey tuvo que prohibirla.
El momento decisivo: la caída de Walter Raleigh
El punto culminante de su influencia llegó en 1618. Gondomar logró que Inglaterra ejecutase a Sir Walter Raleigh, uno de sus héroes nacionales y enemigo de España en América.
Lo hizo mediante argumentos legales y presión diplomática, demostrando un poder extraordinario dentro de la corte inglesa.
Regreso a España y legado gallego
En 1622 regresó a España, donde continuó como consejero de Estado. A pesar de su trayectoria internacional, nunca se desligó de Galicia.
Impulsó la recuperación del voto gallego en las Cortes y utilizó el gallego en su correspondencia privada, algo poco habitual en la época.
Además, dejó una biblioteca impresionante de más de 6.500 volúmenes, hoy conservada en la Real Biblioteca de Madrid.
Un modelo de diplomacia que sigue vigente
Diego Sarmiento de Acuña murió en 1626, pero su legado sigue siendo relevante. Su forma de hacer política, basada en la inteligencia, la cultura y la estrategia, demostró ser más eficaz que muchas guerras.
Por eso, más que un insulto, el apodo de “maquiavélico” fue en realidad un reconocimiento.
El Conde de Gondomar, un adelantado a su tiempo
Hoy su figura se recupera como la de uno de los grandes diplomáticos de la historia de España.
Un gallego de adopción que supo conquistar Inglaterra sin disparar una sola bala y que deja una pregunta abierta:¿hemos olvidado el valor de la diplomacia inteligente?




