“El agua puede ser más peligrosa que las bombas”: la advertencia desde la OTAN
Moisés Canle, de la Universidade da Coruña, participa en un taller internacional en Lisboa sobre contaminación del agua en conflictos

Moisés Canle, doctor en Química por la UDC
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A Coruña
Lisboa acoge estos días un taller de investigación avanzada de la OTAN centrado en uno de los grandes riesgos invisibles de las guerras: la contaminación del agua potable. Entre los 30 científicos participantes se encuentra el investigador de la Universidade da Coruña Moisés Canle, que advierte de la gravedad de una amenaza que muchas veces pasa desapercibida.
“Sin agua no hay nada”, resume con claridad. “Es esencial para la vida, para la economía y para cualquier actividad humana. Sin ella, apenas podemos sobrevivir unos días”.
El agua, víctima silenciosa de los conflictos
Canle explica que los recursos hídricos se ven afectados de múltiples formas en una guerra. No solo por ataques directos, que están prohibidos por la legislación internacional, sino también por daños colaterales o por el deterioro progresivo del entorno.
“Los sistemas de abastecimiento pueden destruirse voluntariamente o por accidente. Y cuando eso ocurre, la población se ve obligada a buscar alternativas”, señala.
El problema es que esas alternativas no siempre son seguras. En muchos casos se recurre a aguas subterráneas o pozos abandonados que arrastran contaminación de hace décadas.
Ucrania: pozos contaminados y riesgos del pasado
Uno de los ejemplos más claros es Ucrania, donde la guerra ha dejado sin acceso a agua potable a muchas zonas. Según el investigador gallego, esto ha obligado a utilizar recursos hídricos en mal estado.
“Se están usando aguas subterráneas que vienen de la época soviética y que no son aptas para el consumo”, explica.
A esto se suma otro factor clave: la contaminación no procede solo de explosivos o misiles. “Hay muchos productos químicos asociados a la actividad militar, como los utilizados para limpiar o desengrasar maquinaria, que pueden ser incluso más peligrosos”.
Contaminación invisible que dura décadas
El trabajo del equipo de la Universidade da Coruña se centra en la llamada contaminación difusa, un fenómeno menos visible pero muy persistente.
“No es un tubo vertiendo agua sucia de golpe. Son pequeñas aportaciones constantes durante años que acaban degradando completamente el entorno”, detalla Canle.
Este tipo de contaminación es especialmente problemática en escenarios de guerra, donde se acumulan residuos sin control y sin capacidad de gestión.
¿Se puede garantizar agua potable en plena guerra?
Aunque la tecnología existe, la realidad sobre el terreno es mucho más compleja. Canle lo deja claro: “Hoy en día podemos potabilizar casi cualquier agua, pero la cuestión es el coste y la estabilidad”.
En un contexto bélico, construir infraestructuras no siempre tiene sentido. “Puedes levantar una instalación hoy y que sea destruida al mes siguiente”, apunta.
Por eso, gran parte del trabajo se centra en anticipar lo que ocurrirá después del conflicto.
El gran reto: el escenario tras la guerra
Cuando cesan los combates, comienza otra batalla: identificar qué agua es segura y cuál no.
“En muchos países como Ucrania, Yemen o Sudán, la calidad del agua ya es muy mala. Y además arrastran contaminantes de hace décadas que siguen presentes”, explica.
En ese contexto, los sistemas de depuración son viables y eficaces, pero no siempre accesibles. “El problema no es tecnológico, es económico. No es lo mismo tratar agua para unas pocas personas que para una gran ciudad”.
Consecuencias más allá del agua
La falta de agua potable tiene efectos que van mucho más allá del consumo. Canle advierte de impactos profundos:
“La gente se ve obligada a desplazarse, se abandonan tierras agrícolas y se generan problemas de salud. Incluso puede ocurrir que lo que se cultive no sea seguro para el consumo”.
Uno de los casos más extremos es la destrucción de infraestructuras como presas, que puede desencadenar efectos inesperados. “Se han dejado al descubierto zonas con restos biológicos antiguos que pueden suponer un riesgo microbiológico importante”, señala.
Aportación gallega en un problema global
La presencia de la Universidade da Coruña en este taller responde a años de investigación en contaminación ambiental.
“Nos llamaron por nuestro trabajo en contaminación difusa. Aunque no es un contexto bélico, muchas de las dinámicas son similares”, explica Canle.
El intercambio de conocimiento entre expertos internacionales busca precisamente anticipar escenarios y encontrar soluciones para un problema que, como subraya el investigador, “es mucho más grave de lo que solemos imaginar”.




