Ocio y cultura

Así vivió Ana Amado en 'Sancti Spiritus': imágenes para la reflexión tras ocho días en un convento de Toro

La fotógrafa presentó su libro en Cantón4, en su Ferrol natal

Ana Amado, este jueves en la librería Cantón4 de Ferrol minutos antes de presentar 'Sancti Spiritus' (foto: Kiko Delgado / EFE) / Kiko Delgado (EFE)

Ferrol

Atesora formación y experiencia en la música y la arquitectura, pero también en la fotografía. Es esta última la que protagoniza el último proyecto de Ana Amado (Ferrol, 1975), 'Sancti Spiritus'.

Es un libro en el que aporta, "más que una visión diferente", cómo es la vida cotidiana en un convento de clausura.

A la pregunta de cómo llegó al monasterio que da nombre a su trabajo, ubicado en la localidad zamorana de Toro, responde que le movió "mostrar su vida; creo que esas vidas de las monjas que viven en clausura por voluntad propia son muy desconocidas para todo el mundo".

"Tuve ese privilegio de que ellas me permitiesen entrar ahí y convivir con ellas unos días; la verdad, para mí es bonito y creo que interesante", reflexiona minutos antes de presentar la obra en la librería Cantón4 de su ciudad natal.

Amado reconoce que mostrar lo cotidiano en un lugar así, alejado del ruido de la sociedad moderna, puede tener "un punto casi morboso por esas vidas tan desconocidas de las monjas, pero yo no quise entrar en ese punto; quiero proponer algo casi imaginativo, pero desde lo espiritual".

Sostiene que su trabajo personal, ya desde hace años, tiene como meta, en esta y otras facetas, poder exhibir "lo desconocido, lo invisible o lo no suficientemente mostrado a través de la fotografía".

No en vano, dice que es "una de las herramientas más poderosas que tenemos para comunicar la vida de, como les llamo yo, esas otras mujeres".

Fue en 2019, a pocos meses del estallido de la pandemia de la covid-19, cuando, de forma "bastante casual", surgió la posibilidad de acudir al monasterio zamorano; de hecho, todo se desencadenó mientras veía el histórico programa de La 2 de TVE 'Pueblo de Dios'.

"Me pareció interesante porque mostraba la vida de religiosos, pero desde la acción, las cosas que hacen; sobre todo, lo enfocan mucho a los misioneros", dice Ana Amado, que en esa edición del espacio televisivo vio un reportaje sobre las monjas dominicas que la dejó "fascinada".

El trabajo audiovisual reflejaba la arquitectura del "impresionante" convento de Toro, del siglo XIV, que alberga además un museo de arte sacro, "siempre relacionado con mujeres muy poderosas en la historia, muy relevantes".

Una convivencia entre los muros del claustro y las inquietudes de unas monjas que dio como resultado este libro, con su "visión" sobre lo allí contemplado: "Las vi tan dinámicas; la priora contestando los WhatsApp porque tienen su obrador de dulces, un contraste fascinante".

La fotógrafa admite que la experiencia le ayudó a romper sus "prejuicios, pero no deja de ser una vida dedicada a lo espiritual, a la religión, a la búsqueda interior y a la oración", por lo que se quedó "absolutamente fascinada viendo cómo eran ellas".

Todo fueron facilidades, según Amado, que escribió a la web de venta de sus dulces argumentando que sus "proyectos suelen orbitar en torno a lo invisible y a la arquitectura como fondo escénico; dije que me gustaría pasar unos días y fotografiar su vida, lo que me dejasen".

"Me contestaron rapidísimamente, me dijeron que sí", desliza la ferrolana, que pasó allí ocho días en pleno julio, un mes en el que, valoraron ellas mismas, "estaban más relajadas, tenían menos lío".

Permaneció en su hospedería para pernoctar y accedió a su zona de clausura, fotografiando celdas y dependencias en las que rezan o comen, experiencia que tilda de "fascinante; me recluí también, solamente salí un par de veces a un supermercado para comprar comida".

No lo oculta, le dejó "huella, sobre todo porque seis meses vino la pandemia", una vivencia que ahora saca a la luz gracias a la editorial La Fábrica, que erige en "faro dentro de la fotografía en España".

Raúl Salgado

Redactor de Radio Ferrol Cadena SER, nos escuchamos...