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Pepa Torres: "Lo que hay que preguntarse hoy en día es si es posible ser cristiana sin ser feminista"

Es teóloga y monja, pero también activista y feminista, y reivindica que la Iglesia reconozca la dignidad de las mujeres y la diversidad sexual

Pepa Torres: "Lo que hay que preguntarse hoy en día es si es posible ser cristiana sin ser feminista"

Lugo

Pepa Torres es teóloga y monja, pero también activista y feminista. Vive en una comunidad intercongregacional en el barrio de Lavapiés, en Madrid, y no duda en ocupar iglesias como forma de protesta cuando lo considera necesario. Al preguntarle si las dos cosas son compatibles, no duda en la respuesta: "Lo primero que quiero decir es que la Iglesia es diversa, sigue siendo uno de los grandes bastiones del patriarcado, pero sí que hay espacios liberados".

Ana Torrón, portavoz de la Plataforma Feminista en Lugo, le plantea la cuestión en forma de contradicción: "¿Cómo una mujer tan culta, con un pensamiento tan formado, quiere formar parte de una Iglesia Católica que lleva siglos menospreciándonos y reduciéndonos a las mujeres a una mera figura de cuidados, limitando nuestro desarrollo personal y nuestra sexualidad? ¿Por qué ese empeño en estar ahí?".

Pepa Torres tampoco vacila en este caso. Explica que su vinculación con la Iglesia están en "esta tradición en la que hemos descubierto y mamado algunos de los valores que nos sustentan". Asegura que, a pesar de todo, es posible ser feminista y ser cristiana a la vez, y de echo va todavía más allá: "Lo que hay que plantearse hoy en día es si es posible ser cristiana sin ser feminista".

La Revuelta de Mujeres en la Iglesia

Para aportar contexto a su discurso, la monja y activista hace referencia a la Revuelta de Mujeres en la Iglesia. Se trata de un movimiento que nace en el 2019, pero "tiene antecedentes muy importantes". Pepa Torres se remonta a los años 80 en su explicación, cuando "sur2ge en España un movimiento que se llama Mujeres y Teología", y que en Galicia "se conoce como Exeria Mulleres Cristiás Galegas".

Surge como "una reacción a los últimos años de papado de Juan Pablo II" que, asegura, fueron "durísimos no solo con los movimientos más aperturistas sino especialmente contra las mujeres". Esta sensibilidad surge como "una forma de protesta de que la Iglesia de Jesús tenía que reconocernos a las mujeres y comprometerse con la igualdad".

"Después de muchos años de trabajo de siembra, de trabajo teológico, de generar espacios formativos con perspectiva de género, se creó un caldo de cultivo que nos hizo plantearnos que teníamos que volver a insistir en el camino de la Iglesia en ese sentido, hacia dentro", continúa.

En este escenario deciden "retomar la lucha" coincidiendo además con otro momento clave: "Justo entonces se organizó lo que llamamos un Sínodo, es decir, un asamblea mundial, liderada por el Papa Francisco en el que las mujeres tenemos voz pero no voto". "Eso nos enciende mundialmente", señala, "porque cómo podía ser que cuando hay mujeres que se juegan la vida en lugares como la Amazonía no pudieran votar".

"Somos cristinas, queremos seguir siéndolo, pero entendemos que la Iglesia tiene que transformarse desde muchas perspectivas, y también desde la perspectiva de género", reflexiona Pepa Torres. "Muchas de nosotras militamos también en otros movimientos anticapitalistas, sin bandera y sin sello porque entendemos que ser cristiana significa estar presente en la sociedad allá donde convergen nuestros intereses y no necesitamos etiquetas, pero lo hacemos desde nuestra motivación religiosa que coincide reivindicaciones sociales en materia de derechos humanos y derechos de las mujeres", añade.

La deuda de la Iglesia con las personas LGTBQ+

Sobre la vinculación de la tradición cristina y la fe con los discursos de odio que proliferan en algunos ámbitos de la sociedad, especialmente contra la diversidad sexual, Pepa Torres también tienen una opinión clara. Vincula "ese discurso público de odio" con "las ultraderechas y las nuevas formas de fascismo". Sin embargo, entiende que "el cristianismo es la religión del amor" y que "su entraña más profética es la dignidad del amor", así que cree que "es una deformación del Evangelio según los intereses de una minoría que busca la supremacía".

Para luchar contra ello insta a "no tener miedo a tomar el discurso público para dar a conocer que existen otras formas de cristianismo y que el Evangelio va en contra del odio y ensalza la dignidad de todo cuerpo". Precisamente, dentro de esos movimientos feministas y disruptivos que existen dentro de la Iglesia, una de las reivindicaciones y propuestas que se hace es "el reconocimiento de la diversidad sexual, de las nuevas formas de familia y de que se ponga en marcha la Pastoral de la diversidad sexual".

"Nos parece que hay muchas personas LGTBQ+ que se han alejado de la Iglesia por lo violenta que ha sido con ellas", señala. Considera que la institución religiosa debería "pedir perdón por toda exclusión cometida, al igual que sucede con las mujeres", que debe ir acompañado de "un propósito de enmienda hacia una mayor presencia de las mujeres en los espacios públicos de la Iglesia, el acceso a todas las áreas eclesiales, una revisión de los lenguajes y los imaginarios". "El cambio de conciencia es algo muy lento, pero es posible", concluye.