¿Por qué no se puede construir con arena de mar? El caso de una iglesia en A Coruña
Iglesia de los Jesuitas de A Coruña: la historia de un templo neogótico que desapareció

Cuaderno de dibujo: La Iglesia de los Jesuitas
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A Coruña
La ciudad de A Coruña está llena de edificios que forman parte de su memoria colectiva. Algunos siguen en pie; otros, como la antigua Iglesia de los Jesuitas, han desaparecido dejando tras de sí una historia tan interesante como desconocida.
Este templo, que muchos coruñeses todavía recuerdan, fue durante décadas una referencia del ensanche. Su aspecto neogótico, su peculiar construcción y, sobre todo, las razones de su demolición lo convierten en un caso singular dentro del patrimonio arquitectónico de la ciudad.
Un edificio que parecía más antiguo de lo que era
Aunque por su estética pudiera parecer una iglesia medieval, lo cierto es que la Iglesia de los Jesuitas era una construcción relativamente reciente. Se levantó a finales del siglo XIX, en un momento en el que A Coruña comenzaba a expandirse urbanísticamente.
Su estilo neogótico respondía a una reinterpretación moderna del gótico tradicional: arcos apuntados, verticalidad y una imagen que evocaba la arquitectura histórica, pero ejecutada con técnicas y materiales contemporáneos.
Este detalle es importante, porque en una ciudad como A Coruña, donde abundan las iglesias modernas —especialmente las posteriores al Concilio Vaticano II—, este templo representaba una forma más clásica de entender el espacio religioso.
Antes del Concilio: otra forma de construir iglesias
La Iglesia de los Jesuitas pertenece a una etapa anterior a los grandes cambios que introdujo el Concilio Vaticano II (1962-1965), impulsado por el papa Juan XXIII.
Antes de ese momento, la liturgia se celebraba en latín y la organización espacial de las iglesias respondía a un esquema tradicional: nave central, laterales y una clara jerarquía en el espacio. Después del Concilio, todo esto cambió, dando lugar a templos más abiertos y adaptados a una nueva forma de entender la relación con los fieles.
En A Coruña, ejemplos de estas iglesias más modernas son San José en Monte Alto, la del Barrio de las Flores o los Capuchinos de Federico Tapia. Frente a ellas, la de los jesuitas representaba una manera anterior de concebir la arquitectura religiosa.
La construcción: entre tradición y modernidad
El proyecto de la iglesia tiene fecha del 19 de febrero de 1899, y las obras comenzaron pocos meses después, el 3 de mayo. En 1901 ya estaban finalizadas, tal y como comunicó el superior de la Compañía de Jesús en A Coruña.
El arquitecto fue Francisco Rabanal Fariñas, vinculado a la propia orden, algo habitual en este tipo de edificios. Además del templo, también se diseñó la residencia para los sacerdotes, situada junto a la iglesia pero diferenciada a nivel normativo y constructivo.
Aunque su apariencia imitaba la piedra, el edificio estaba realizado con ladrillo y mortero, incluyendo un cemento blanco de Marsella que buscaba dar ese acabado pétreo. Esta elección, que en su momento parecía adecuada, acabaría siendo clave en su deterioro.
La torre que llegó después
Curiosamente, la iglesia no tenía torre en su diseño original. Esta se añadió en 1915, cuando la Compañía de Jesús decidió completar el conjunto.
El encargo recayó en el arquitecto Leoncio Bescansa Casares, conocido en la ciudad por otras obras. La torre, visualmente, recordaba a la del colegio Labaca, aunque a mayor escala.
Durante un tiempo, la iglesia convivió en dos versiones: sin torre y con torre, algo que explica por qué muchos ciudadanos la recuerdan de formas diferentes.
El problema estructural: arena de mar y corrosión
La clave de la desaparición del edificio está en un error constructivo que hoy sería impensable: el uso de arena de playa en el mortero.
La arena marina contiene sal, y esa sal provoca una absorción constante de humedad. Cuando este material se combina con elementos metálicos en el interior de la estructura, el resultado es la corrosión de las armaduras.
Con el tiempo, el acero se expande, rompe el hormigón desde dentro y debilita toda la estructura. Es un proceso lento pero imparable, que en construcción se asocia a fenómenos como la carbonatación.
En el caso de la iglesia, este problema afectaba a todo el edificio, pero se hizo especialmente evidente en la torre, más esbelta y vulnerable.
El deterioro y la decisión de derribar
A partir de los años 70, la situación ya era preocupante. La torre fue recortada y, posteriormente, eliminada por completo en los años 80.
El resto del edificio tampoco escapaba al deterioro. A la corrosión estructural se sumaban problemas derivados del uso y el paso del tiempo, como la acumulación de residuos de aves.
Llegó un punto en el que la rehabilitación no era viable desde el punto de vista técnico ni económico. La estructura estaba demasiado afectada.
En 1992 se celebraron los últimos actos religiosos y, poco después, el templo fue demolido.
Un nuevo edificio para una nueva ciudad
Tras la desaparición de la iglesia original, se optó por construir un nuevo edificio adaptado al entorno urbano del ensanche, muy diferente ya del de finales del siglo XIX.
El proyecto, firmado por el arquitecto Álvaro Romero Gil-Delgado, se desarrolló entre 1992 y 1994. El resultado fue un inmueble de uso mixto: iglesia en la planta baja y oficinas en las superiores.
Exteriormente, el edificio se integra completamente en la manzana, hasta el punto de que muchos ciudadanos no identifican que allí hay un templo.
Arte contemporáneo en un espacio religioso
Aunque el exterior es discreto, el interior mantiene elementos propios de una iglesia, reinterpretados desde una perspectiva contemporánea.
El retablo principal, obra de Suso Vázquez Pardo, representa a Jesús resucitado junto a sus discípulos. También destaca la escultura de la Virgen Santa María del Mar, del mismo autor.
Las vidrieras, diseñadas por José Luis Neira Brochs, envuelven el espacio en una luz suave y están inspiradas en la vida de San Ignacio de Loyola.
Este tipo de intervención artística refleja la evolución del arte religioso tras el Concilio Vaticano II, donde la abstracción y los nuevos lenguajes ganan protagonismo.
La memoria de un edificio desaparecido
La Iglesia de los Jesuitas es uno de esos edificios cuya desaparición se sigue lamentando. No solo por su valor estético, sino porque formaba parte de la identidad de una época de la ciudad.
Sin embargo, su final también responde a una realidad inevitable: los edificios, como las personas, tienen un ciclo de vida. Y en este caso, la “enfermedad” estructural era demasiado grave para permitir su conservación.
A Coruña, como todas las ciudades, se transforma constantemente. Y en esa transformación, algunas piezas se pierden… pero también dejan historias que merece la pena contar.




