El origen de las bateas en Galicia: el “regalo de Poseidón” que convirtió a Galicia en potencia mundial
En Historias de Galicia que nadía te había contado, con Iván Fernández Amil, conocemos el ingenio gallego que convirtió el cultivo del mar en motor económico

Historias de Galicia: El origen de las bateas
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A Coruña
Las bateas son una de las imágenes más reconocibles de Galicia. Flotan en las rías formando un paisaje único, pero detrás de estas estructuras hay una historia fascinante que mezcla tradición, innovación y una conexión profunda con el mar. Lo que hoy es una industria millonaria comenzó como una solución a un problema muy concreto: cómo recoger mejillones de forma más segura y eficiente.
Un símbolo inseparable de las rías gallegas
Hablar de Galicia es hablar de sus rías… y de sus bateas. Estas plataformas flotantes, tradicionalmente de madera, permiten el cultivo del mejillón mediante cuerdas que cuelgan bajo el agua. Hoy están presentes en prácticamente todo el litoral gallego y forman parte no solo de su economía, sino también de su identidad.
Su impacto es enorme: Galicia produce cientos de miles de toneladas de mejillón al año y se ha convertido en uno de los grandes referentes mundiales del sector.
Un origen mucho más antiguo de lo que parece
Aunque la imagen actual de las bateas es relativamente reciente, la idea de cultivar el mar no lo es. Ya en la Antigua Roma existían los llamados vivaria, estanques costeros donde se criaban peces y moluscos. En la Gallaecia romana, es muy probable que estas técnicas se aplicasen aprovechando la riqueza natural de las rías.
Sin embargo, el modelo que hoy conocemos tiene una influencia mucho más lejana: Japón. Allí, desde el siglo XVII, se desarrolló el cultivo colgante de ostras, utilizando estructuras flotantes y cuerdas donde los moluscos se adherían. Era un sistema eficaz, sostenible y perfectamente adaptado a bahías protegidas, muy similares a las gallegas.
Antes de las bateas: un trabajo duro y peligroso
Antes de que existieran las bateas, recoger mejillones era una tarea complicada y arriesgada. Se hacía de forma artesanal, en rocas y acantilados, muchas veces en condiciones extremas, muy similares a las que hoy viven los percebeiros.
Era un trabajo limitado, peligroso y poco productivo. La necesidad de mejorar estas condiciones fue clave para impulsar la innovación.
1945: el nacimiento de la primera batea
El gran salto se produjo en 1945. José María Escudero, un emprendedor de Vilagarcía de Arousa, instaló la primera batea en la ría de Arousa. Lo hizo inspirado en la acuicultura japonesa y adaptando el sistema a las condiciones gallegas.
Aquel primer modelo era sencillo: una estructura flotante de madera con cuerdas colgantes donde se fijaban las larvas de mejillón. Pero su impacto fue inmediato.
En apenas un año ya había varias bateas funcionando y, en poco más de una década, se extendieron por prácticamente todas las rías.
De experimento a motor económico
El crecimiento del sector fue tan rápido que el propio Estado acabó regulándolo. La Ley de Cultivos Marinos de 1961 impulsó su desarrollo y consolidó la actividad.
Galicia tenía todo a favor: una costa extensa, aguas ricas en nutrientes y condiciones ideales para el cultivo. El resultado fue una auténtica revolución económica que transformó muchas zonas costeras.
Hoy, las bateas generan miles de empleos y una industria que mueve cientos de millones de euros al año, con un producto que se exporta a todo el mundo.
Un modelo sostenible que mira al futuro
Uno de los grandes valores de las bateas es su sostenibilidad. No dañan el fondo marino y, además, los propios mejillones actúan como filtros naturales que mejoran la calidad del agua.
El sector, además, sigue evolucionando. Se han incorporado nuevas tecnologías, sistemas de control en tiempo real y mejoras estructurales para hacer frente a desafíos como el cambio climático o la aparición de toxinas.
Mucho más que economía: identidad gallega
Más allá de su valor económico, las bateas forman parte del alma de Galicia. Definen el paisaje de las rías y están presentes en la cultura, la gastronomía y las tradiciones populares, como las fiestas dedicadas al mejillón.
Son un ejemplo claro del ingenio gallego: aprovechar lo que ofrece el mar sin agotarlo, transformando un recurso natural en una fuente de riqueza sostenible.
El “regalo de Poseidón” que conquistó el mundo
Las bateas llegaron inspiradas desde Japón, pero fue en Galicia donde alcanzaron su máximo desarrollo. Hoy representan una de las mayores historias de éxito del sector marítimo europeo.
Ese “regalo de Poseidón” no solo convirtió a Galicia en potencia mundial del mejillón, sino que demuestra que es posible crecer, innovar y respetar el entorno al mismo tiempo.




