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Artemis y la Luna: emoción, memoria y futuro en la nueva carrera espacial

La misión Artemis devuelve a la humanidad a la órbita lunar, combinando avances tecnológicos, emoción y recuerdos de la era Apolo

Curiociencia: Artemis y la luna

Curiociencia: Artemis y la luna

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A Coruña

Esta semana, la humanidad ha vuelto a mirar hacia arriba. Hacia la Luna. La última misión del programa Artemis ha situado de nuevo a nuestro satélite en el centro de la actualidad, despertando una mezcla de fascinación, nostalgia y expectativa.

En CurioCiencia, la conversación con Marcos Pérez, director de los Museos Científicos Coruñeses, nos ayuda a poner en contexto lo que supone este viaje: un paso importante, sí, pero también una experiencia profundamente emocional.

Un regreso que recuerda al pasado

Más de medio siglo después de las misiones Apolo, la humanidad vuelve a rodear la Luna con astronautas a bordo. No es un alunizaje, pero sí un ensayo clave dentro de una estrategia más amplia.

Como explica Pérez, estas misiones no son improvisadas. Forman parte de un proceso progresivo en el que primero se validan tecnologías, sistemas de comunicación y maniobras complejas antes de asumir riesgos mayores, como descender a la superficie lunar y regresar.

El paralelismo con el Apolo 8 es inevitable. Aquella misión de 1968 fue también un paso previo al histórico alunizaje. Hoy, la historia parece avanzar siguiendo un guion similar.

Entre la emoción y el déjà vu

A pesar del impacto mediático, hay una sensación difícil de evitar: ya hemos visto esto antes. Las imágenes de la Tierra elevándose sobre el horizonte lunar forman parte de nuestro imaginario colectivo desde hace décadas.

Para quienes llevan años divulgando ciencia, como Marcos Pérez, esa familiaridad genera una mezcla curiosa de sensaciones. Por un lado, la admiración por el logro técnico. Por otro, cierta impresión de repetición.

No se trata de una crítica racional, sino emocional. Las expectativas juegan un papel clave. Quizá esperábamos algo diferente, aunque sepamos que la propia naturaleza de la misión limita las novedades visuales.

Tecnología actual, límites reales

Aunque las imágenes actuales son mucho más nítidas, coloridas y accesibles que las de los años 60, siguen existiendo limitaciones importantes.

Transmitir datos desde casi medio millón de kilómetros no es sencillo. La velocidad de envío es reducida y eso impide ofrecer una calidad de vídeo comparable a la que estamos acostumbrados en el día a día.

Aun así, la NASA volvió a demostrar su capacidad para captar la atención global. La retransmisión estuvo cuidadosamente diseñada y logró mantener a millones de personas pendientes de cada detalle.

La mirada humana desde el espacio

Más allá de la ingeniería, lo que realmente conecta con el público son las personas. Los astronautas aportan ese componente humano que transforma una misión técnica en una experiencia compartida.

Sus palabras, una vez más, apuntan en la misma dirección: la belleza de la Tierra vista desde el espacio supera cualquier expectativa.

Esa perspectiva, casi filosófica, refuerza la idea de que explorar el espacio también sirve para entender mejor nuestro propio planeta.

Menos inversión, más incertidumbre

Uno de los aspectos menos visibles pero más determinantes es el económico. Durante la era Apolo, Estados Unidos llegó a destinar cerca del 4% de su presupuesto federal a la exploración espacial.

Hoy, la cifra es mucho menor. La NASA opera con menos del 0,5%, en un contexto donde otras prioridades, como la inteligencia artificial o la defensa, compiten por los recursos.

Los recientes recortes añaden incertidumbre sobre el futuro del programa Artemis. La gran pregunta es si habrá continuidad suficiente para cumplir el objetivo de volver a pisar la Luna.

El poder de las imágenes

Si algo define estas misiones, son las imágenes que dejan. Fotografías que trascienden lo científico para convertirse en símbolos culturales.

Las del programa Apolo marcaron a generaciones enteras. Las actuales, con mejor calidad y mayor accesibilidad, están destinadas a hacer lo mismo con las nuevas generaciones.

Son, en definitiva, una forma de construir memoria colectiva.

Mirando hacia lo que viene

Esta misión no era el destino final, sino un paso más. El verdadero objetivo sigue siendo llevar de nuevo a seres humanos a la superficie lunar y, más adelante, preparar el camino hacia Marte.

Sin embargo, el camino no está garantizado. Dependerá de decisiones políticas, inversión sostenida y avances tecnológicos.

Una experiencia difícil de explicar

Hay algo que se repite cada vez que la humanidad se acerca a la Luna: la dificultad de ponerlo en palabras.

Quizá por eso, como se decía al final de la conversación, no estaría de más que en futuras misiones también viajen poetas.

Porque hay experiencias —como ver la Tierra desde la órbita lunar— que van más allá de la ciencia. Y necesitan algo más que datos para ser comprendidas.

 

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