Yo creo: Celta-3 Barcelona-1
El Celta hizo un espectacular partido en la ida de las semifinales de Copa 2001

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Vigo
En partidos así hay que salir a morder desde el primer minuto. Decía Moncho Carnero, fiel escudero de Víctor Fernández durante los años de vino y rosas del EuroCelta, que hay una máxima que es "la primera falta tiene que ser nuestra, la primera amarilla para nosotros, el primer duelo para nosotros". Y eso es fundamental cuando hablamos de una batalla, a priori, desigual. Este no es un partido europeo. Es la ida de las semifinales de la Copa del Rey 2000-2001. El 21 de junio de 2001, el Celta recibía al Barcelona en una semifinal muy complicada para el equipo celeste.
Llegaba un Celta entrenado por Charly Rexach que quería darse una alegría en una temporada complicada ganando la Copa del Rey. El Celta salió con todo a por el rival, pero se llevó un primer directo al mentón que lo tumbó. Era el minuto seis y una contra del Barcelona llevada por Zenden acaba con un centro del neerlandés que remacha Simao Sabrosa al fondo de la portería. Nada más empezar el partido, el Celta había perdonado dos ocasiones claras y la primera vez que asoma el equipo culé ya va 0-1. Lejos de arrugarse, de achicarse, de dejar al Barcelona dominar y hacer fútbol control, el Celta planteó un partido muy intenso, agresivo y de mucha presión al rival. No fue casual que Karpin, Juanfran, Mostovoi o Cáceres viesen la amarilla en la primera parte. Había que igualar el partido y mantener una presión muy alta sobre el rival.
Y fruto de esa presión y de las ocasiones que estaba generando el Celta, llegó el gol del empate al filo del descanso. Falta en la frontal que amaga Mostovoi, que va a tirarla y la toca a la corta para que Berizzo se atreviese desde la frontal. Su zurdazo seco y abajo superó la barrera y se metió como un obús en la portería de Reina. Partido igualado y contexto que cambió para el Barcelona, que no era capaz de encontrar a Rivaldo, Zenden o Simao. Jayo, Giovanella y Karpin también ganaban la batalla del centro del campo a Xavi, Cocu o Gabri.
En la segunda parte, misma receta celeste. Agresividad y verticalidad. Y fruto de esa presión y después de varias ocasiones claras, de un penalti de De Boer no pitado y de un mano a mano de Catanha que paró Reina, llegó el 2-1. Velasco recibió de Karpin y progresó por el carril derecho de ataque; saca un centro medido al punto de penalti y Mostovoi sorprende con un remate rápido de cabeza. Una genialidad del Zar que sorprendió a Reina por su precisión. Se adelantó a la marca de Puyol como si fuese un delantero centro. Era el 2-1 y Balaídos vibraba.
Catanha no tuvo su mejor noche. Falló un nuevo mano a mano clarísimo tras un pase filtrado por Mostovoi. Con un poco de puntería del hispano-brasileño, aquello hubiese sido una escabechina. Ante la falta de fútbol culé, Rivaldo sacó un misil de 40 metros que no entró por una parada desproporcionada de Cavallero. El colegiado no vio un penalti de Reiziger a Jesuli y Catanha volvió a fallar otro mano a mano más. Pero faltaba la guinda al pastel celeste. Contragolpe sensacional con Karpin buscando al Zar, Mostovoi dejando el balón a la frontal, Catanha se la pone de cara a Jesuli, que la rompe desde el balcón del área.
Era el 3-1 y la euforia se desató nuevamente en la grada. Pero no hubo tiempo para festejos ni para Rianxeiras. Había que defender el botín y se esperaba una reacción del Barcelona. El colegiado fue muy inflexible con el Celta y acabó expulsando por doble amarilla a Cáceres en el 82. Tocó hacer un esfuerzo titánico porque quedaba un partido de vuelta en el Camp Nou. Los de Víctor Fernández se defendieron con mucho orden y con mucho sentido y estaban aguantando los ataques culés. Pero todo pudo cambiar en el 88. Esos intangibles que pudieron dejar al Barcelona más cerca de La Cartuja. Un 3-2 no era lo mismo que un 3-1. Penalti sobre Rivaldo y expulsión de Velasco por segunda amarilla. Se podía poner 3-2 el Barça y tener unos minutos contra nueve para poder empatar.
Pero surgió un protagonista en ese penalti. Pablo Cavallero se fue a hablar con Rivaldo, le marcó dónde supuestamente se iba a tirar y, cuando el brasileño ejecutó, le estaba esperando el portero argentino abajo. Paradón y respiraba el Celta. Ese punto de suerte, de heroicidad, de épica siempre son necesarios en las remontadas. Del 0-1 de Simao al 3-1 final a pesar de acabar con nueve. En la vuelta, el Celta fue mejor que el Barcelona y logró un 1-1 sin pasar excesivos agobios. Los celestes se metían en la tercera final de Copa del Rey de su historia. Todo gracias a aquella remontada de Balaídos contra el Barça.

Jacobo Buceta
Periodista de Radio Vigo-Cadena Ser desde 1998. Director de Hoy por Hoy Vigo desde 2008 y narrador de...




