Yo creo: Celta-5 Estrella Roja-3
Manual de cómo meter cuatro goles en 20 minutos
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Vigo
Este partido tiene muchas connotaciones similares al del Friburgo. Era la época del gol en campo contrario vale doble; fue el partido de vuelta y el Celta había palmado en la ida sin marcar (1-0). Pero, además, al descanso llegó con un resultado casi imposible: 1-2. Los de Víctor Fernández estaban en el vestuario sabiendo que tenían que marcar en la segunda parte 3 goles para darle la vuelta a la eliminatoria, ya que ni 3-2, por el valor doble de los goles en campo contrario, les valía. Todo en contra y necesidad de marcar tres goles en 45 minutos. Y así fue. Aquella noche contra el Estrella Roja, con cambio de sistema incluido en la segunda parte, defendiendo con tres y atacando con más gente por fuera, supuso un punto de inflexión. Aquellos 20 minutos fueron la tormenta perfecta. Pocas veces podríamos imaginar algo así cuando tenías todo perdido con el 0-1 y perdiendo 1-2 al descanso.
El Celta se desabrochó el cinturón y se fue arriba con todo. En el minuto tres de la segunda parte, un centro de Jesuli acaba con un empujón a McCarthy. El árbitro pita penalti. Catanha se lo había pedido, pero, por galones, era Gustavito López el encargado de ejecutar. No falló y ponía el 2-2 nada más salir del vestuario. Los celestes siguieron buscando, una y otra vez, la portería rival hasta que, seis minutos después, Gustavo gana línea de fondo y se inventa un pase medido y raso al punto de penalti; Benny remata duro abajo y anota el 3-2. El Celta le daba la vuelta al partido en pocos minutos y no quería parar ahí. Mientras Benny se llevaba el balón, Gustavito hacía aspavientos para que Balaídos presionase y les decía a los compañeros: “¡Uno más, uno más!”. Y eso era lo que hacía falta: uno más para remontar la eliminatoria.
El equipo estaba tan enchufado que en el 65 volvía a asestar un duro golpe al Estrella Roja. Catanha le tiró una pared perfecta a Mostovoi, que sorprendió desde segunda línea a la defensa serbia. Cuando iba a tirar, le agarraron por la camiseta y el árbitro pitó penalti. El Celta podía lograr desde los once metros remontar un 1-3 en 15 minutos. Gustavo volvió a asumir la responsabilidad y tampoco falló. Balaídos vivía una locura total con el 4-3. Acababan de ver, en un abrir y cerrar de ojos, cómo aquel equipo de colmillo afilado se había cargado a un Estrella Roja, también campeón de Europa en 1991. Y eso que se traían en 1-0 de Belgrado, que se pusieron 0-1 con gol de Drulic y que, después de empatar Catanha, se volvían a poner 1-2 en el 37 de la primera parte, que parecía que dejaba todo sentenciado. Pero no contaban con aquel huracán celeste.
Con el 4-3, cualquier equipo que acaba de hacer un ejercicio futbolístico y de ataque tan brutal, metería el freno de mano. Pero aquel Celta no. Llevaban en el ADN lo de atacar. Así se lo inculcó Víctor Fernández y tenían claro que defendían mejor con balón que sin él. Y fruto de esa mentalidad, después de darle dos nuevos sustos a los serbios, Catanha completaba la épica. Gustavito recibe en banda en campo propio y se inventa un pase al espacio para que Catanha corra desde campo propio. Se va por velocidad y, en el mano a mano, no se le ocurre otra cosa que hacer una picadita a lo Romario que le salió perfecta. Golazo del hispanobrasileño para marcar el 5-2. La locura absoluta y la demostración de que se pueden marcar 5 goles en Europa y cuatro goles en solamente 20 minutos (49, 55, 65 y 69). Después llegó el 5-3 para maquillaje extremo de un desbordado Estrella Roja. Esa remontada tardía, en la segunda parte, también sirve como lección de tener paciencia. No siempre las remontadas llegan en los primeros minutos de partido.
Fue una de las remontadas más inolvidables. Seguramente con menos nombre que otras, pero se vivió una auténtica demostración de poderío, de presión de Balaídos al rival y de ganas por seguir vivos en Europa. Antes de empezar el partido, parecía difícil remontarle el 1-0. Con el 0-1 de Drulic, todavía más. Y al descanso, después de haber encajado otro gol y llegar 1-2, podía haber tirado la toalla el Celta. Pero lejos de eso, la conjura del vestuario funcionó. Quedan 45 minutos y, como dijo Claudio el otro día, ahora no tenemos nada que perder y eso nos hace más peligrosos. Aquel equipo con la soga al cuello lo demostró.
Jacobo Buceta
Periodista de Radio Vigo-Cadena Ser desde 1998....Periodista de Radio Vigo-Cadena Ser desde 1998. Director de Hoy por Hoy Vigo desde 2008 y narrador de Carrusel Deportivo desde 2005. Presentador de Área de Juego en Televigo (antes Localia Vigo) desde 2005.