Argimiro García Granados, el médico gallego que sobrevivió a tres guerras y acabó en Vietnam
Una historia de Galicia, casi desconocida, que nos cuenta Iván Fernández Amil

Historias de Galicia que nadie te habia contado: Argimiro García Granados
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A Coruña
Hay historias que parecen imposibles y, sin embargo, son reales. La de Argimiro García Granados es una de ellas: un médico gallego que pasó por la Guerra Civil, la Segunda Guerra Mundial y terminó liderando una misión humanitaria en plena Guerra de Vietnam. Un héroe reconocido fuera de España, pero prácticamente olvidado en su propia tierra.
De Santiago al frente
Argimiro nació en Santiago de Compostela en 1912 y comenzó sus estudios de Medicina en la Universidad de Santiago. Todo cambió con el estallido de la Guerra Civil, que interrumpió su carrera cuando estaba a punto de terminarla.
Fue en ese contexto, en medio de combates que debieron de ser estremecedores, donde descubrió su verdadera vocación: la cirugía. Aquella experiencia, tan dura como decisiva, marcaría el resto de su vida profesional. Al finalizar la guerra, regresó a Galicia, concluyó sus estudios y pronto empezó a destacar hasta convertirse en uno de los cirujanos más prestigiosos del país.
Entre guerras y hospitales
Su carrera no se detuvo ahí. Se trasladó a León, donde comenzó a especializarse en radiología, una disciplina entonces emergente. Pero su trayectoria volvió a cruzarse con la guerra cuando se incorporó a la División Azul, participando en el frente de Stalingrado durante la Segunda Guerra Mundial.
Allí trabajó en condiciones extremas, atendiendo a soldados en hospitales de campaña a temperaturas bajo cero. Aquella experiencia consolidó definitivamente su prestigio como médico militar.
A su regreso a España en 1943, continuó su labor en el Hospital Militar de León y más tarde en Tenerife, donde siguió ascendiendo en el escalafón militar y se convirtió en un referente en radiología, ingresando incluso en la Academia Española de Radiología.
Rumbo a Vietnam
El giro más sorprendente de su vida llegaría en 1965. Estados Unidos, inmerso en la Guerra de Vietnam, pidió apoyo a sus aliados. España rechazó participar militarmente, pero sí accedió a enviar ayuda humanitaria.
Así nació la Misión Sanitaria Española en Vietnam del Sur, y Argimiro García Granados fue elegido para liderarla.
En 1966 llegó al país asiático junto a un pequeño grupo de médicos militares, conocidos como “los doce de la fama”. Nada más aterrizar, recibieron un mensaje poco alentador: les dijeron que probablemente solo la mitad regresaría a casa.
Medicina en el corazón del conflicto
El equipo se instaló en el delta del Mekong, en un hospital cívico-militar completamente devastado por la guerra. Allí atendían a una población enorme, en condiciones muy precarias, donde convivían heridos de guerra con enfermos de malaria, cólera o simples infecciones.
Pero si algo definió su trabajo fue la ausencia de distinción: trataban por igual a civiles y a combatientes, sin importar el bando.
Esa forma de actuar tuvo consecuencias inesperadas. En una ocasión, tras un ataque por error del Vietcong, varios soldados de este grupo se acercaron a pedir disculpas. La explicación era sencilla: gran parte de sus combatientes habían sido atendidos por los médicos españoles, que incluso llegaron a donar su propia sangre para salvar vidas.
Una misión respetada por todos
Para evitar ser confundidos con el ejército estadounidense, los españoles tomaron medidas muy concretas: cosieron insignias propias en sus uniformes, izaron la bandera española en el hospital y optaron por hablar en francés con los pacientes, nunca en inglés.
Su labor dejó una huella profunda en la población local. Tanto que un pequeño puente de la zona fue bautizado como el “Puente de España”, en reconocimiento a su trabajo.
Argimiro regresó temporalmente a España en 1967, pero volvió a Vietnam en 1970 para ponerse de nuevo al frente de la misión.
El regreso en silencio
En el verano de 1971, cuatro años antes del final de la guerra, la misión española fue cancelada. Los médicos regresaron a España en octubre, pero lo hicieron en el más absoluto anonimato.
Nadie los recibió. No hubo homenajes ni reconocimiento público. La misión había sido clasificada como confidencial y, oficialmente, nunca había existido.
Un héroe olvidado
A pesar de ese silencio, Argimiro García Granados sí fue reconocido fuera de España. Recibió condecoraciones tanto del gobierno estadounidense como del de Vietnam del Sur. En 1973 fue ascendido a coronel y continuó ejerciendo la medicina hasta su fallecimiento, el 23 de noviembre de 1976, con solo 64 años.
Su historia es la de un profesional que llevó la medicina al límite, incluso en los escenarios más extremos. Un hombre que salvó vidas en tres guerras y que, como tantos otros, quedó relegado al olvido.
Hasta ahora.




