La venta de marisco en España cae a mínimos históricos: causas, impacto y futuro del sector
La escasez de berberecho y almeja, impulsada por el cambio climático y otros factores, dispara los precios y obliga al sector a depender cada vez más de importaciones

Despensa Sonora: Marcos Rabina, de Pescados Rabina
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A Coruña
La venta de marisco en las lonjas españolas ha caído hasta su nivel más bajo en los últimos 25 años, un dato que enciende todas las alarmas en uno de los sectores más emblemáticos del país. Detrás de esta situación están dos protagonistas claros: el berberecho y la almeja, cuya escasez está obligando a mirar fuera de nuestras costas.
Hoy, buena parte del marisco que llega al mercado procede de países como Canadá, Portugal, Francia o incluso Corea. Una realidad que cambia las reglas del juego tanto para quienes viven del mar como para quienes consumen sus productos.
Ribeira, epicentro de la actividad marisquera
Para entender el alcance del problema hay que mirar hacia la ría de Arousa, considerada el mayor productor de marisco de Europa. Allí se encuentra la lonja de Ribeira, un punto clave al que acuden desde hace décadas profesionales del sector como Marcos Rabina, de Pescados Rabina, en A Coruña.
Con casi 25 años de experiencia en este mercado, Rabina confirma que la situación ha cambiado, aunque matiza que el producto no ha desaparecido por completo. Hay menos, sí, pero sigue habiendo. La diferencia es que ahora resulta más caro y más difícil de conseguir.
Las causas: un problema con muchas raíces
Detrás de la caída en la producción no hay un único motivo, sino una combinación de factores que se entrelazan. El cambio climático está alterando los ecosistemas marinos, mientras que determinadas prácticas, como la apertura de compuertas de presas, modifican la salinidad del agua y afectan directamente a los bivalvos.
A esto se suman los propios ciclos naturales y la necesidad de una gestión más coordinada entre administraciones, científicos y el sector. El resultado es visible en lugares como Noia, donde la falta de berberecho ya está teniendo consecuencias reales en la economía local. Negocios tradicionales han tenido que renunciar a productos tan emblemáticos como la empanada de berberecho por la simple razón de que ya no hay materia prima.
El impacto en el consumidor
Esta situación no tarda en trasladarse al bolsillo del consumidor. Cuando la oferta baja y la demanda se mantiene, los precios suben. Es una dinámica inevitable que se está notando en pescaderías y restaurantes.
La llegada de producto importado ayuda a contener esa subida, pero introduce otro factor: la calidad. Los profesionales del sector coinciden en que el marisco de fuera no puede competir con el gallego, lo que genera una percepción distinta en el consumidor final.
Un sector que se adapta como puede
A pesar de las dificultades, la actividad no se detiene. En la propia lonja de Ribeira, mientras escasean algunos productos, otros viven momentos positivos. Es el caso del erizo de mar, cuya campaña ha destacado este año por su calidad y abundancia, especialmente demandado por el sector hostelero.
Esta capacidad de adaptación permite que el mercado siga funcionando, aunque con tensiones evidentes y una creciente dependencia del exterior.
¿Hay margen para la recuperación?
El futuro del marisco en España no está escrito. Desde el propio sector se insiste en que la naturaleza tiene capacidad de regenerarse si se le da margen. De hecho, durante el confinamiento se pudo observar cómo los ecosistemas respondían positivamente cuando disminuía la presión humana.
Sin embargo, esa recuperación no será automática. Requiere medidas, inversión y, sobre todo, voluntad política y científica para actuar de forma coordinada. Solo así será posible garantizar la sostenibilidad de un recurso que es tanto económico como cultural.
Un equilibrio en juego
El sector marisquero se enfrenta a un momento decisivo. Lo que está en juego no es solo la disponibilidad de productos como la almeja o el berberecho, sino todo un modelo de vida ligado al mar.
Mientras tanto, profesionales como Marcos Rabina siguen haciendo lo que siempre han hecho: buscar producto donde lo haya para responder a la demanda. Porque, aunque el contexto cambie, la esencia sigue siendo la misma. Y en Galicia lo tienen claro: como su marisco, no hay otro.




