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Alergias en primavera: por qué duran más y cómo aliviarlas

Cómo influyen el clima y la contaminación en las alergias y qué hacer para aliviar sus síntomas en el día a día

La Rebotica: Alergias en primavera

La Rebotica: Alergias en primavera

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A Coruña

Con la llegada de la primavera —y este año casi directamente del invierno al verano— aparecen también los síntomas clásicos de la alergia: estornudos, picor de ojos, congestión nasal y esa sensación constante de necesitar un pañuelo a mano. Es una realidad bien conocida por quienes la sufren, pero también cada vez más por quienes nunca habían tenido alergia… hasta ahora.

Galicia, en niveles más suaves… de momento

No todas las zonas de España viven la primavera igual. Según las previsiones de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica, Galicia se mantiene este año en niveles leves o moderados. Las lluvias frecuentes ayudan a limpiar el aire y reducen la concentración de polen, algo que no ocurre en otras zonas del país, especialmente en el sur, donde los niveles son más altos y los episodios más intensos.

Sin embargo, esa “ventaja” no significa que no haya cambios. De hecho, los especialistas llevan años observando una tendencia clara.

Alergias más largas y menos estacionales

Uno de los grandes cambios en las últimas décadas es la duración de las alergias. Ya no se concentran solo en unas semanas concretas, sino que se alargan en el tiempo. Esto tiene mucho que ver con el cambio climático, que modifica los ciclos de floración y provoca que las plantas liberen polen durante más tiempo.

El resultado es una alergia más progresiva: quizá menos explosiva al inicio, pero más persistente.

Cuando la alergia aparece en la edad adulta

Otro fenómeno cada vez más frecuente es el de personas que desarrollan alergia por primera vez a partir de los 40 o 50 años. En muchos casos, la explicación está en la contaminación, especialmente en entornos urbanos.

Las partículas contaminantes se adhieren al polen y lo hacen más agresivo para el organismo. Así, algo que antes no provocaba ninguna reacción puede empezar a generar síntomas al entrar en contacto con este “nuevo” polen más alergénico.

Los síntomas que no fallan

Aunque pueden variar en intensidad, hay señales bastante claras: estornudos repetidos, congestión, ojos rojos, picor y lagrimeo. En algunos casos, también aparece la conjuntivitis alérgica, con esa sensación incómoda de tener algo dentro del ojo.

Aquí es importante no confundir, ya que no todas las conjuntivitis son alérgicas; también pueden ser víricas o bacterianas.

Tratamientos que sí funcionan

Los antihistamínicos siguen siendo la base del tratamiento. Fármacos como la cetirizina, la loratadina o la bilastina son ya habituales y, a diferencia de generaciones anteriores, no suelen provocar tanto sueño, lo que facilita su uso en el día a día.

Pero más allá de los medicamentos, hay un error bastante común que conviene evitar.

El problema del abuso de descongestivos

Los sprays nasales descongestivos ofrecen un alivio casi inmediato, y precisamente por eso resulta fácil abusar de ellos. El problema es que no deben utilizarse más de tres días seguidos.

Cuando se usan durante más tiempo, pueden provocar un efecto rebote: la nariz vuelve a congestionarse y se genera una dependencia del propio producto. Es lo que se conoce como rinitis medicamentosa.

En estos casos, alternativas como el agua de mar o los lavados nasales son mucho más seguras, aunque su efecto sea menos inmediato.

Pequeños gestos que marcan la diferencia

En el día a día, hay hábitos que pueden ayudar a reducir la exposición al polen sin necesidad de grandes cambios. Ventilar la casa durante unos minutos —y no durante toda la mañana— es uno de ellos. También lo es evitar secar la ropa en el exterior, ya que las fibras pueden acumular polen sin que lo percibamos.

Al llegar a casa, ducharse y cambiarse de ropa puede parecer exagerado, pero es una forma eficaz de no “transportar” el polen al interior. Algo similar ocurre con los ojos: frotarlos empeora el picor, mientras que limpiarlos con suero o usar gafas de sol en el exterior puede aliviar bastante los síntomas.

Incluso las mascarillas, que ya forman parte de nuestra rutina reciente, pueden ser útiles en momentos concretos, como cuando se corta el césped o hay alta concentración de polen.

Convivir con la alergia, pero con control

La alergia primaveral no siempre se puede evitar, pero sí se puede gestionar mejor. Con información, buenos hábitos y el tratamiento adecuado, es posible reducir su impacto y mantener una buena calidad de vida durante estos meses.

Y, ante cualquier duda, el consejo de un profesional sanitario —como el farmacéutico— sigue siendo la mejor guía para no caer en errores comunes y encontrar la solución más adecuada en cada caso.

 

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