La sede de la Agencia Tributaria en A Coruña: el edificio brutalista que divide opiniones
Un icono del brutalismo gallego que transforma el rechazo en identidad urbana

Cuaderno dibujo: La sede de la Agencia Tributaria en A Coruña
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A Coruña
En plena campaña de la renta, cuando la Agencia Tributaria vuelve a estar en boca de todos, también surge una oportunidad para mirar más allá del trámite y detenerse en el lugar físico donde ocurre: su sede en A Coruña. Un edificio que no deja indiferente a nadie y que, más allá de su función administrativa, es una pieza clave de la arquitectura brutalista en Galicia.
Un edificio que genera amor y rechazo
Pocos edificios en A Coruña despiertan tantas opiniones encontradas como la sede de Hacienda. Para muchos ciudadanos es un lugar asociado a obligaciones fiscales; para otros, es una construcción impactante que destaca en el paisaje urbano.
La arquitecta Nuria Prieto propone entenderlo desde una metáfora muy sugerente: como una gran roca que, aunque inicialmente resulte incómoda o extraña, acaba formando parte inseparable de nuestro entorno cotidiano. Una imagen que ayuda a comprender cómo ciertas transformaciones urbanas terminan siendo asumidas con el tiempo.
Origen y autor: José Antonio Millar Caridad
El edificio actual fue diseñado por el arquitecto coruñés José Antonio Millar Caridad, autor también de otras obras reconocibles en la ciudad como el edificio Alico o el edificio de las Nieves.
Sin embargo, antes de su construcción hubo un proyecto alternativo de gran relevancia. Un concurso previo planteaba una sede diseñada por tres referentes de la arquitectura gallega: Alejandro de la Sota, Ramón Vázquez Molezún y Antonio Tenreiro. Este proyecto nunca llegó a materializarse, pero demuestra la importancia que se le otorgaba a esta infraestructura.
Finalmente, tras un nuevo concurso a finales de los años 60, el edificio se construyó y se inauguró en 1973.
Qué es el brutalismo y por qué se eligió este estilo
La sede de la Agencia Tributaria es un claro ejemplo de arquitectura brutalista, un movimiento que surge tras la Segunda Guerra Mundial.
El brutalismo se caracteriza por:
- Uso de materiales crudos, especialmente hormigón visto
- Volúmenes masivos y contundentes
- Ausencia de ornamentación
- Sensación de fortaleza y protección
Este estilo buscaba transmitir solidez y estabilidad en una época marcada por la reconstrucción y la necesidad de seguridad. En el caso de edificios institucionales, además, refuerza la idea de poder y autoridad.
En España, durante los años 60 y 70, este lenguaje arquitectónico se utilizó con frecuencia en edificios públicos, y la sede de Hacienda en A Coruña no es una excepción.
Una “gran roca” frente al mar
El concepto del edificio es tan simple como potente: una roca perforada.
Dos factores clave influyeron en su diseño:
- El Plan General de A Coruña de 1967, que permitía mayor altura en las edificaciones
- El Plan de Austeridad Económica de ese mismo año, que exigía reducir costes y simplificar materiales
El resultado es un volumen de gran escala, construido prácticamente en hormigón, que recuerda a una masa pétrea.
Dos fachadas, dos lecturas
- Hacia el mar: el edificio se percibe como una roca escultórica, casi comparable a obras de Eduardo Chillida
- Hacia la calle Comandante Fontanes: presenta una fachada más plana, con un gran hueco que evoca la entrada a una cueva
Esta dualidad refuerza su carácter simbólico: un edificio que representa el poder económico del Estado.
El interior: luz dentro de la roca
Aunque el interior es funcional, hay un detalle arquitectónico clave: los huecos.
Al tratarse de una “roca perforada”, las ventanas están diseñadas para enfatizar esa idea:
- Se colocan hacia el interior del muro, no alineadas con la fachada exterior
- Esto genera sombras profundas, aumentando la sensación de excavación
- Desde dentro, las vistas al exterior refuerzan la experiencia de estar dentro de una gran piedra
Este recurso no solo tiene valor estético, sino que también mejora la iluminación natural y la percepción del espacio.
Un edificio que forma parte del paisaje urbano de A Coruña
Con el paso del tiempo, la sede de la Agencia Tributaria ha pasado de ser un elemento controvertido a convertirse en una pieza reconocible del paisaje coruñés.
Su estética puede resultar dura o incluso incómoda, pero precisamente ahí reside su fuerza: es un edificio que no busca agradar, sino transmitir una idea clara de solidez, permanencia y poder institucional.
Arquitectura y percepción: más allá de la función
En un momento en el que todos pensamos en la renta, este edificio nos recuerda que la arquitectura también comunica. No solo alberga actividades, sino que transmite valores, emociones y símbolos.
Y quizás, como esa roca de la metáfora, lo que hoy genera rechazo mañana se convierte en algo imprescindible dentro de nuestra forma de entender la ciudad.




