María Agustina Sarmiento: la menina gallega de Velázquez que casi nadie conoce
Iván Fernández Amil nos cuenta una nueva Historia de Galicia que nadie te había contado

Historias de Galicia que nadie te había contado: María Agustina Sarmiento, la menina gallega
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A Coruña
María Agustina Sarmiento de Sotomayor, una joven noble nacida en Galicia, es una de las figuras más fascinantes —y menos conocidas— del célebre cuadro Las Meninas de Diego Velázquez. Aunque millones de personas han contemplado esta obra maestra del Siglo de Oro, pocos saben que una de sus protagonistas era gallega, concretamente de Ponteareas (Pontevedra).
La menina gallega en Las Meninas
Pintado en 1656, Las Meninas es considerado uno de los cuadros más importantes de la historia del arte universal. En el centro de la escena aparece la infanta Margarita rodeada de su séquito, donde destaca una figura arrodillada que ofrece un búcaro (pequeño jarrón) a la princesa. Esa figura es María Agustina Sarmiento.
Su posición no es casual. A la izquierda de la infanta, iluminada con gran maestría por Velázquez, su presencia destaca frente a la penumbra del resto de personajes. Este uso de la luz ha llevado a muchos historiadores a interpretar que su papel en la composición es mucho más relevante de lo que parece a simple vista.
Origen noble y conexión con Galicia
María Agustina nació en 1637 en Ponteareas, en el seno de una de las familias más influyentes de Galicia. Era hija de Diego Sarmiento de Sotomayor y Luna y Juana Isasi Bonifaz, pertenecientes a la alta nobleza.
En el siglo XVII, Galicia tenía un papel destacado dentro de la monarquía de los Austrias. La presencia de nobles gallegos en la corte y la importancia del Camino de Santiago contribuían a reforzar su influencia en el Imperio español. En este contexto, la elección de María Agustina como menina también simbolizaba la integración de la nobleza gallega en el núcleo del poder.
Su papel en la corte de Felipe IV
María Agustina llegó a la corte en 1649 como dama de compañía de la infanta Margarita. Como menina, su función era acompañarla en su vida diaria, asistirla y participar en su educación dentro de la estricta etiqueta cortesana.
Aunque los registros históricos sobre su vida son limitados, su aparición en Las Meninas la convierte en una figura clave dentro del entorno del rey Felipe IV.
En el cuadro también aparecen otros personajes destacados como Isabel de Velasco, María Bárbola, Nicolás Pertusato, un mastín, y el propio Velázquez, además del reflejo del rey y la reina al fondo.
Una figura clave en la obra de Velázquez
La postura de María Agustina, arrodillada ante la infanta, refleja la compleja jerarquía de la corte: las meninas eran simultáneamente nobles y servidoras. Velázquez captó este equilibrio con gran precisión.
Además, su iluminación dentro del cuadro ha sido interpretada como un recurso intencionado para atraer la mirada del espectador, lo que sugiere su relevancia dentro de la escena.
Vida después de Las Meninas
Tras abandonar su papel como menina alrededor de 1658, María Agustina continuó su vida dentro de la nobleza:
- En 1659 se casó con Juan Domingo Ramírez de Arellano, conde de Aguilar de Inestrillas.
- Quedó viuda en 1668 sin descendencia.
- En 1670 contrajo segundas nupcias con Diego Felipe Zapata de Mendoza, conde de Barajas, con quien sí tuvo hijos.
Falleció en 1709 en Madrid y fue enterrada en el convento de San Francisco.
De Velázquez a Picasso: un legado artístico
La relevancia de María Agustina no terminó en el siglo XVII. En 1957, Pablo Picasso reinterpretó Las Meninas en una serie de obras donde dedicó especial atención a su figura, creando varias piezas centradas exclusivamente en ella.
Este hecho la convierte en un puente simbólico entre el arte del Siglo de Oro y el arte contemporáneo.
Una historia desconocida que merece ser contada
A pesar de su protagonismo en una de las pinturas más importantes del mundo, la historia de María Agustina Sarmiento sigue siendo desconocida para muchos. Sin embargo, su figura permanece inmortalizada en el lienzo de Velázquez, iluminada y eterna.
La próxima vez que contemples Las Meninas, fíjate en la niña arrodillada. Esa figura luminosa es gallega. Es María Agustina Sarmiento de Sotomayor, una pieza clave de la historia del arte universal.




