Veintidós años del accidente ferroviario de Chinchilla, la mayor tragedia en tren vinculada a la Región de Murcia
Diecinueve personas murieron en 2003 en Albacete en un siniestro que marcó un antes y un después en la seguridad ferroviaria y cuyo recuerdo sigue muy presente en la Región

Imagen de archivo del accidente ferroviario de Chinchilla de 2003 / AFP El País

MURCIA
El descarrilamiento de dos trenes de alta velocidad en Adamuz (Córdoba), que ha dejado al menos 39 fallecidos, es el siniestro más grave en ferrocarril desde el año 2013, cuando un Alvia que cubría la ruta entre Madrid y Ferrol descarriló en Angrois, en las inmediaciones de Santiago de Compostela, provocando la muerte de 80 personas y otras 145 resultaron heridas.
Los accidentes ferroviarios han dejado una huella profunda en la memoria colectiva de la Región de Murcia, con episodios que marcaron a varias generaciones y obligaron a replantear la seguridad en las líneas de tren. El más grave de todos, por su impacto humano y social, fue el ocurrido el 3 de junio de 2003 en el término municipal de Chinchilla de Montearagón, en Albacete, pero con una estrecha vinculación con Murcia.
Aquel día, un tren Talgo que cubría la línea entre Madrid y Cartagena colisionó frontalmente con una locomotora de mantenimiento que realizaba trabajos en la vía. El accidente dejó 19 personas fallecidas y cerca de medio centenar de heridos, muchos de ellos pasajeros murcianos que regresaban o se desplazaban hacia la Región. El siniestro se produjo por un error humano en la coordinación de la circulación ferroviaria, según determinó la investigación judicial.
La escena fue devastadora: varios vagones descarrilados, víctimas atrapadas entre los restos del convoy y un amplio dispositivo de emergencias que trabajó durante horas. El impacto emocional en Murcia fue inmediato. Hospitales de la Región activaron planes de emergencia y muchos familiares se desplazaron hasta Albacete en busca de noticias de sus seres queridos.
El accidente de Chinchilla supuso un punto de inflexión en la gestión de la seguridad ferroviaria en España. A raíz de la tragedia, se reforzaron los sistemas de control de tráfico, se revisaron los protocolos de comunicación entre trenes y se aceleró la implantación de tecnologías automáticas para evitar errores humanos.
Aunque ninguno ha alcanzado la magnitud del de 2003, la Región de Murcia ha vivido otros incidentes ferroviarios a lo largo de su historia, con descarrilamientos y colisiones de menor gravedad, especialmente en líneas convencionales. Todos ellos han mantenido vivo el debate sobre el estado de las infraestructuras, la inversión en mantenimiento y la modernización de la red ferroviaria.
Veintidós años después, el recuerdo de Chinchilla sigue presente. Las víctimas continúan siendo un símbolo de la necesidad de no bajar la guardia en materia de seguridad. Una tragedia que marcó a Murcia y que permanece como advertencia permanente en la historia del ferrocarril español.




