El 'Jaloque' de la UPCT: el velero robot que cruzará de Ibiza a Denia sin capitán
Un equipo de 25 alumnos de la Politécnica de Cartagena ultima la construcción de un barco autónomo para competir en la histórica Ruta de la Sal

Cartagena
Ni apatía ni 'generación nini'. En los laboratorios de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT), un grupo de 25 estudiantes está rompiendo moldes. Se llaman 'Navysail' y su reto para esta Semana Santa suena a ciencia ficción: enviar un velero de dos metros y medio, totalmente autónomo y sin tripulación, desde Ibiza hasta Denia.
El equipo es un 'macro grup'" donde no falta de nada. Hay ingenieros navales diseñando el casco, expertos en telecomunicaciones programando los sistemas y hasta un equipo de marketing. "Navales se encarga de la construcción, telecomunicaciones de la programación y la comunicación desde el barco hasta tierra, y también hay gente de energía para las baterías", explica Albert Bonet, uno de los integrantes del proyecto.
Jaloque: un nombre con sello cartagenero
Aunque todavía barajan opciones, el nombre que suena con más fuerza para bautizar a la embarcación es Jaloque, en honor al viento típico de la ciudad portuaria. "Decidimos bautizarlo por algo que sea típico de la tierra de Cartagena", confiesa Hugo Mayor, quien a sus 22 años ya vuelca su pasión por la vela en este proyecto tras años compitiendo en categorías como Optimist o 420.
El desafío es grande. Participan en una competición organizada por el Colegio de Ingenieros Navales que recrea la esencia de la mítica Ruta de la Sal. Por eso, el Jaloque no irá vacío: tendrá que llevar un saquito de sal en su interior para mantener la tradición de la ruta original.
Noches de café y tecnología punta
El barco es una joya de la ingeniería a pequeña escala. Mide 2,5 metros de eslora y tiene un mástil que roza los 4 metros. Para que no vuelque en mitad del canal, lleva un peso en la parte inferior que lo hace extremadamente estable. Sin embargo, el mayor reto es que tome sus propias decisiones en alta mar.
"Lo más complejo ha sido la parte de programación, hacer que todo sea autónomo y encontrar los materiales y actuadores que fuesen exactamente como queríamos", reconoce Albert. Hugo, por su parte, bromea con el esfuerzo que están haciendo en los talleres de la universidad ahora que la fecha de entrega se echa encima: "Van a ser muchas noches de café y hasta largas horas de la noche".
Una travesía con reglas de hierro
La competición es exigente. El barco debe enviar su posición cada cuatro horas de forma rigurosa. "Si pasa ese tiempo y no hemos enviado ninguna ubicación, se nos descalifica", explica Hugo. Además, el 'Jaloque' empieza en la categoría reina (totalmente autónoma), pero si sufriera algún percance y necesitara ayuda externa, quedaría degradado a una segunda categoría.
A pesar de los nervios por las posibles inclemencias del tiempo —"nos pone periagudos pensar en rachas de 30 o 35 nudos", confiesan—, la ilusión es máxima. Para estos jóvenes de 22 años, este proyecto es mucho más que un ejercicio de clase; es su carta de presentación al mundo profesional. Mientras Albert sueña con ser ingeniero en equipos de alta competición de vela, Hugo se siente atraído por el mundo de los motores.
De momento, sus padres, aunque a veces no entiendan términos como "cuadernas", siguen el proceso con el mismo entusiasmo que ellos. Y es que ver a un hijo construir un barco capaz de cruzar el mar sin nadie al timón no es algo que se vea todos los días.




