Ciencia y tecnología

La anguila europea que vive en el Mar Menor está más cerca de la extinción que el lince o el oso polar

ANSE utiliza tecnología de telemetría para proteger el viaje secreto de un animal que recorre medio mundo para reproducirse en el Atlántico

Entrevista ambientóloga, María Ángeles García de Alcaraz

Cartagena

En el imaginario colectivo, el lince ibérico o el oso polar representan la lucha contra la extinción, pero en las aguas del Mar Menor habita un vecino mucho más amenazado y, a menudo, olvidado. La anguila europea se encuentra en peligro crítico de extinción, una situación límite que la sitúa en una posición incluso más vulnerable que la de estos grandes mamíferos. Según explica María Ángeles García de Alcaraz, ambientóloga de la Asociación de Naturalistas del Sureste (ANSE), esta falta de atención mediática puede deberse a un factor estético, ya que "quizá su aspecto de serpiente y viscosa que tiene, que a mucha gente no le agrada, pueda hacer que se le preste menos atención" que a otros animales más carismáticos. Sin embargo, recalca que es una especie a la que hay que rendirle cuentas, sobre todo porque "es un muy buen indicador de un ecosistema" y su presencia nos revela la salud real de nuestras aguas.

Para combatir este desconocimiento y proteger su futuro, el programa GePescaD II se ha convertido en una herramienta vital. Desde 2024, esta iniciativa ha logrado marcar a más de 1.000 ejemplares en la zona, una cifra récord que busca arrojar luz sobre un pez que nace en el remoto Mar de los Sargazos pero elige nuestras costas para madurar. La experta señala que la anguila es una criatura fascinante y enigmática de la que todavía "nadie sabe exactamente dónde, cuándo ni cómo" se reproduce una vez que inicia su migración. La reciente suelta de 70 ejemplares en el Mar Menor, de los cuales 13 portan dispositivos de telemetría acústica, permitirá a los científicos entender mejor la vida de un animal que "suele pasar en torno a 13 o 15 años" en nuestra zona antes de sentir la llamada del océano para perpetuar la especie.

Antes de emprender ese viaje épico de miles de kilómetros, las anguilas circulan por multitud de rincones de nuestra geografía, siendo habitual verlas en lugares como la Rambla del Albujón, el Delta del Ebro o incluso en el río Segura a su paso por la ciudad de Murcia. García de Alcaraz destaca que estos ejemplares "se tiran 15 años deambulando por todos estos canales", por lo que resulta fundamental asegurar que esos hábitats sean seguros y minimizar las presiones que se encuentran en su camino. El reto de conservar a la anguila es especialmente complejo porque la ciencia "nunca ha logrado su reproducción en cautividad", lo que significa que cada ejemplar depende exclusivamente de su capacidad para completar este ciclo natural de forma autónoma.

A pesar de su discreción, la anguila es una pieza clave en el engranaje de la biodiversidad marina y fluvial. Para la ambientóloga de ANSE, el trabajo que realizan es apasionante pero urgente, ya que al moverse por tantos ambientes diferentes, la anguila "nos indica realmente qué está ocurriendo en ese ambiente y a qué hay que prestarle atención". El éxito del proyecto GePescaD II, que presentará sus resultados el próximo 17 de febrero en Santa Pola, no sólo se mide en datos de telemetría, sino en la capacidad de concienciar a la sociedad sobre la importancia de proteger a una especie que, tras pasar media vida entre nosotros, lo arriesga todo en una travesía oceánica que nadie ha conseguido presenciar todavía.