El Laboratorio de López Nicolás
Ciencia y tecnología

Alcaraz, los calambres y el zumo de pepinillos: cuando el cerebro gana el partido

El Laboratorio de López Nicolás explica por qué un sorbo ácido puede frenar el dolor en segundos

Alcaraz, los calambres y el zumo de pepinillos: cuando el cerebro gana el partido

MURCIA

En las semifinales del Open de Australia, Carlos Alcaraz estuvo a punto de decir adiós al torneo no por una lesión, sino por algo mucho más traicionero: los calambres musculares. El tenista murciano se quedó rígido, con evidentes gestos de dolor… y entonces hizo algo que llamó la atención de todo el mundo: bebió zumo de pepinillos.

Alcaraz, los calambres y el zumo de pepinillo. Cuando el cerebro gana el partido

Lejos de ser una superstición de vestuario, ese gesto tiene una explicación científica. El laboratorio del divulgador murciano José Manuel López Nicolás recuerda que los calambres no se producen solo por falta de sales, como solemos pensar, sino por un fallo momentáneo del sistema nervioso, muy ligado a la fatiga extrema.

Durante un calambre, el músculo se contrae de forma involuntaria y no responde a la orden de relajarse. El problema no está tanto en la fibra muscular como en las neuronas que la controlan, que se vuelven hiperactivas cuando el cuerpo está al límite, como ocurrió en esa exigente semifinal.

¿Y qué pinta aquí el zumo de pepinillos? Aunque contiene sodio, su efecto es demasiado rápido como para explicarse por la reposición de electrolitos. En muchos casos, el alivio llega en menos de un minuto. La clave está en su sabor intenso y ácido.

Ese estímulo activa receptores en la boca y la garganta que envían una señal potente al sistema nervioso central. Una especie de reflejo neurológico que ayuda a “apagar” la señal excesiva que provoca el calambre y facilita que el músculo se relaje.

Desde el laboratorio de López Nicolás advierten: no es un remedio milagroso ni preventivo. Si la fatiga continúa, el calambre puede volver. La verdadera solución está en el entrenamiento progresivo, la hidratación planificada y la gestión del esfuerzo.

Pero aquella noche, en semifinales, un sorbo ácido permitió a Alcaraz seguir en pie y demostrar que, a veces, el partido no se gana solo con las piernas… sino también con el cerebro.

Ruth García Belmonte

Licenciada en Ciencias de la Comunicación por...