Cuando el cuerpo cambia y la vida se detiene: el duelo que casi nadie nombra
El podcast Aprender a vivir con la ausencia aborda el duelo por enfermedad, una pérdida silenciosa que obliga a reescribir la propia biografía

MURCIA
Hay duelos que no llegan con una despedida final. No hay funeral ni palabras de cierre. Se instalan poco a poco, en el cansancio, en el espejo, en un cuerpo que ya no responde igual. De ese duelo silencioso por la pérdida de la salud habla el último episodio del podcast Aprender a vivir con la ausencia, conducido por Ruth García y Paco Sánchez, con Mirelle Rosique, enfermera y experta en acompañamiento emocional.

Cuando el cuerpo cambia y la vida se detiene el duelo que casi nadie nombra
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En este décimo capítulo, el espacio pone el foco en una realidad poco reconocida: el duelo por enfermedad, una pérdida que no siempre se ve desde fuera, pero que afecta de lleno a la identidad, la autonomía y la manera de estar en el mundo. Rosique explica que cuando aparece una enfermedad que cambia la vida, se produce una ruptura biográfica: “no dejamos de ser quienes somos por dentro, pero el vehículo —el cuerpo— ya no es el mismo”.
Aceptar ese nuevo cuerpo, asumir los límites y despedirse de la vida tal y como se conocía es un proceso complejo. Aparecen emociones como el rechazo, el enfado, la frustración o incluso la vergüenza, especialmente en una sociedad que idealiza la fortaleza y la perfección física. “No somos héroes, somos humanos”, recuerda Rosique, que alerta del daño que pueden causar los mensajes de positivismo obligatorio o las frases bienintencionadas que minimizan el sufrimiento.
El episodio también aborda las enfermedades invisibles, aquellas que no se perciben externamente, como la fibromialgia, y que a menudo generan incomprensión incluso en el entorno más cercano. En estos casos, el acompañamiento —explica la experta— pasa por escuchar, respetar los ritmos y validar el dolor, tanto del paciente como de la familia, que también necesita apoyo para poder sostener.
Lejos de identificar aceptación con resignación, Rosique defiende una aceptación activa: mirar de frente la realidad y decidir qué hacer con lo que queda, recuperar el cuidado del cuerpo, adaptar el entorno y reenfocar la vida hacia nuevas formas de disfrute y sentido.
El capítulo se cierra con un mensaje claro: la pérdida de la salud es una herida profunda, pero no el final de la historia. Nombrar este duelo es el primer paso para transitarlo y acompañarlo es una forma de no vivirlo en soledad.




