Las lluvias no son un capricho: la ciencia revela por qué el sur de España quedó bajo el agua
El podcast científico de López Nicolás desmonta la idea de fenómeno ‘imprevisible’ y explica, disciplina a disciplina, cómo la atmósfera, el suelo y el territorio se alinearon para generar un episodio devastador
Las lluvias no son un capricho: la ciencia revela por qué el sur de España quedó bajo el agua
MURCIA
El último episodio del podcast de ciencia de José Manuel López Nicolás se adentra en uno de los fenómenos que más han conmocionado en las últimas semanas: las inundaciones extremas que han arrasado el sur de España. Desde el inicio, López Nicolás cuestiona la etiqueta de “evento imprevisible” con la que muchos medios han descrito lo ocurrido. No se trata —explica— de un accidente aislado, sino del resultado de una combinación precisa de factores físicos, climáticos, hidrológicos, geológicos y ecológicos que, al actuar juntos, hicieron que el sistema funcionara como una máquina perfectamente diseñada para producir daños.
Las lluvias no son un capricho la ciencia revela por qué el sur de España quedó bajo el agua
El episodio desgrana, paso a paso, por qué estas lluvias fueron tan intensas y persistentes. Desde la meteorología, el bloqueo de la circulación atmosférica permitió que la borrasca quedara prácticamente inmóvil varios días sobre la misma zona, recibiendo nuevas aportaciones de aire cálido y húmedo que reactivaban las precipitaciones una y otra vez. Desde la física atmosférica, se explica cómo el exceso de vapor de agua actúa como combustible: cada condensación libera calor, generando un mecanismo de retroalimentación que mantuvo a la atmósfera en un estado de inestabilidad continua, alimentando lluvias cada vez más intensas.
La climatología, por su parte, recuerda que estos episodios se enmarcan en una tendencia clara: menos días de lluvia, pero mucha más precipitación concentrada. El calentamiento global permite que el aire acumule más vapor, elevando el techo energético de cada tormenta y potenciando los eventos extremos. A esto se suma que las sequías prolongadas degradan el suelo, haciéndolo menos capaz de absorber agua cuando finalmente llueve.
Pero el problema no acaba cuando el agua cae. La hidrología explica por qué el territorio respondió de forma tan abrupta: tras días de lluvia, el suelo saturado dejó de absorber agua y cada gota empezó a circular en superficie, especialmente en cuencas pequeñas y escarpadas, provocando crecidas casi instantáneas.
La geología añade otra clave: gran parte de los terrenos afectados están formados por arcillas y margas inestables, que pierden cohesión con la infiltración del agua y terminan colapsando. Y la ecología recuerda que la pérdida de vegetación natural, los incendios y la fragmentación del territorio han reducido la capacidad de los ecosistemas para frenar la escorrentía y retener el agua, agravando el impacto de las lluvias intensas.
El episodio se completa con una reflexión desde la economía del riesgo: reparar daños siempre sale más caro que prevenirlos. El coste real de no actuar incluye interrupciones económicas, deterioro de la salud, pérdida de empleo y depreciación del territorio. Invertir en adaptación, insiste el experto, es una necesidad urgente y no un lujo.
Finalmente, López Nicolás subraya el papel de la tecnología, desde los modelos atmosféricos de alta resolución hasta la teledetección por satélite y los sensores que anticipan crecidas. Pero advierte: la tecnología solo funciona si se integra con una buena planificación y con soluciones basadas en la naturaleza, como recuperar llanuras de inundación o suelos más permeables.
El mensaje final del episodio es claro: estas lluvias no fueron un misterio. Son la consecuencia de un sistema complejo y cambiante donde ciencia y gestión deben ir de la mano para reducir riesgos en un futuro cada vez más incierto.