Seis cabras para salvar miles de vidas en el desierto
Ana Díaz y Alfonso Torres, de la Fundación Chinguetti, impulsan una campaña solidaria basada en economía circular para atender a los más pobres de Mauritania

MURCIA
De correr rallies por el desierto a cambiar la vida de miles de personas. Así podría resumirse la historia de Alfonso Torres y Ana Díaz del Río, empresarios cartageneros y creadores y almas de la Fundación Chinguetti, una ONG que desde hace más de veinte años sostiene un hospital en pleno desierto de Mauritania.

La Ventana Alfonso Torres y Ana Díaz
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Su último proyecto se llama “Cabras que salvan vidas” y parte de una idea tan sencilla como poderosa: convertir seis cabras en una red de ayuda permanente para los más vulnerables.

La iniciativa nace tras uno de sus recientes viajes a Chinguetti, una de las ciudades más antiguas y olvidadas del Sáhara. Allí, donde el hospital que ellos mismos impulsaron sigue siendo el único recurso sanitario para miles de personas, Ana recibió un regalo muy poco convencional: seis cabras. A partir de ahí surgió este microproyecto solidario.
La propuesta se basa en una economía circular adaptada al entorno local. Las cabras —compradas en distintos oasis de la región— se reproducen, sus crías se venden y los ingresos se destinan íntegramente a cubrir consultas médicas y medicamentos de personas que no pueden pagar absolutamente nada. Y solo por un euro al mes, una cantidad mínima aquí, pero inalcanzable allí para muchos.
A través de una plataforma de micromecenazgo, teaming.net, cualquier persona puede colaborar donando solo un euro al mes. Un euro que, convertido en atención sanitaria, puede marcar la diferencia entre vivir o no. Según sus cálculos, el proyecto podría permitir atender a miles de indigentes al año.
La campaña se suma a una trayectoria de compromiso que comenzó a principios de los años 2000, cuando Alfonso y Ana decidieron transformar su boda en una recaudación solidaria para construir el Hospital de la Fraternidad de Chinguetti. Hoy, más de dos décadas después, aquel hospital cuenta con quirófanos plenamente equipados y sigue funcionando gracias a donaciones, voluntariado y proyectos como este.
Para ellos, la solidaridad no es una excepción, sino una forma de vida. Defienden que haber nacido en un país con sanidad y educación públicas implica una responsabilidad moral con quienes no tuvieron esa suerte. Y aseguran que, lejos de sacrificarse, reciben mucho más de lo que dan.
“Cabras que salvan vidas” es, en el fondo, eso: una manera sencilla, casi humilde, de seguir sosteniendo la esperanza en medio del desierto. Con gestos pequeños, pero con un impacto inmenso.

Ruth García Belmonte
Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UCAM, es la directora de Contenidos de la SER en la...




