El miedo a la letra pequeña del Plan General que podría dejar resquicios a los promotores en La Azohía
La asociación SOS La Azohía advierte de que no permitirán que el paraje se convierta en objeto de especulación inmobiliaria tras décadas de lucha

Entrevista Carlos Alcázar AAVV La Azohía
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Cartagena
La aprobación provisional del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Cartagena ha traído un respiro a los vecinos de La Azohía, aunque llega acompañado de una vigilancia extrema. Tras décadas reclamando un modelo de ciudad que proteja su entorno, el nuevo documento parece blindar por fin parajes tan emblemáticos como el Palmeral de San Ginés y el Bosque del Alacrán. Carlos Alcázar, portavoz de la Asociación Vecinal y de SOS La Azohía, reconoce que están "muy expectantes" ante un cambio que implica "un giro bestial en la gestión del urbanismo de la comarca", aunque prefiere mantener la guardia alta.
La gran victoria para el colectivo es que una zona que originalmente era urbanizable ahora se catalogue como espacio natural urbano. "Consideramos que la opción de construir ahí ya ha prescrito porque el promotor ha tenido 50 años para hacerlo y no lo ha hecho", afirma Alcázar, quien recuerda que hablamos de un enclave de alto valor paisajístico situado en plena Rambla del Cañar. Para los vecinos, ese entorno es "un sitio espectacular para ir con los niños" y su prioridad absoluta es evitar que se convierta en "objeto de especulación inmobiliaria" para que siga siendo un espacio de disfrute compartido entre Isla Plana y La Azohía.
Sin embargo, la alegría no es completa debido a ciertos "resquicios" que han quedado en el documento y que podrían permitir pequeñas construcciones en parcelas que los vecinos consideran grandes. Alcázar admite que le da miedo que la protección sea solo "de boquilla" y advierte que estarán muy pendientes de cómo se materializa esa intención. "Si construimos entre los árboles nos estamos cargando el paisaje", asegura el portavoz, insistiendo en que "no tenemos miedo a tomar medidas" si ven que el desarrollo final vulnera los derechos de los residentes o rompe el ecosistema que tanto ha costado mantener virgen.
Más allá de los ladrillos y los árboles, el colectivo vecinal aprovecha este impulso para reclamar que La Azohía deje de ser solo un "destino de vacaciones" y se convierta en un lugar con alma y servicios durante todo el año. La llegada de familias jóvenes y extranjeros que "están al pie del cañón para proteger el paisaje" ha hecho que la falta de infraestructuras culturales sea más evidente que nunca. Para Alcázar, la clave está en el turismo sostenible y en abrir de una vez espacios como la Torre de Santa Elena, porque tiene claro que "un pueblo sin cultura es un pueblo muerto".

Teresa García Navarro
Licenciada en Filología Hispánica y en Periodismo. Más de 30 años ligada a la comunicación. Comenzó...




