Armada tanteó a Milans del Bosch en Cartagena para liderar el 23F, según declaró Tejero
Documentos desclasificados revelan que la primera reunión del golpe se celebró en 1980 en la ciudad portuaria, y que Milans del Bosch se situaba como la “cabeza táctica” de la operación

Antonio Tejero, durante el 23F / Getty Images

MURCIA
Nuevos documentos desclasificados por el Gobierno de España arrojan luz sobre los preparativos del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. En la vista oral del Consejo Supremo de Justicia Militar celebrada en mayo de 1982, el entonces teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero, fallecido este miércoles, aseguró que la primera reunión para organizar el golpe tuvo lugar en Cartagena en noviembre de 1980. Según su abogado, López Montero, en aquel encuentro el general Alfonso Armada “exploró la voluntad” del teniente general Milans del Bosch, a quien consideraban posible “cabeza táctica” de la operación.
Milans del Bosch, máximo responsable de la III Región Militar, sería después el único mando que llevó el golpe hasta sus últimas consecuencias, sacando los tanques a las calles de Valencia y declarando el estado de excepción.
Los documentos revelan también que Milans exigió reunirse con el entonces rey Juan Carlos I antes del juicio, después de que la Casa Real le pidiera una muestra explícita de lealtad para desvincular a la Corona de cualquier implicación en el 23F. La información procede de un informe del CESID fechado el 5 de febrero de 1982, parte del conjunto de 153 unidades documentales desclasificadas esta semana.
La UMU pidió la “disolución de los grupos fascistas y terroristas” tras el 23F
Los documentos desclasificados por el Gobierno de España revelan cómo la Universidad de Murcia se convirtió en uno de los principales focos de reacción social tras el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Aunque en la Región de Murcia no hubo movimientos militares, el miedo se vivió con intensidad, especialmente entre los estudiantes vinculados a partidos comunistas, que impulsaron asambleas y actos de protesta.
La Policía informó de la aparición de pancartas de la LCR y la Juventud del Movimiento Comunista reclamando la depuración de las Fuerzas Armadas y de Orden Público, y detalló que en una asamblea estudiantil se llegó a pedir la “disolución de los grupos fascistas y terroristas”. Según los informes del 24 y 26 de febrero de aquel año, se convocaron hasta dos manifestaciones en defensa de las libertades democráticas, previstas para el 27 de febrero y el 7 de marzo.
Testigos de la época recuerdan el clima de tensión. El actual jefe de Comunicación de la UMU, Pascual Vera, relata cómo la biblioteca se vaciaba entre susurros y rumores, mientras que en la Facultad de Letras dos individuos armados llegaron a intimidar a los estudiantes. También se registraron escenas de confusión en los alrededores del campus, con miembros del PSOE saliendo apresuradamente de su sede y testimonios de pánico generalizado.
En Cartagena, pese a ser una ciudad con gran peso militar, los informes policiales hablan de “normalidad”, aunque se detectó propaganda sindical en apoyo al Rey, las Fuerzas Armadas y la Constitución. Para muchos, como el historiador Pedro María Bruno, aquel día dejó claro que la democracia española aún era frágil, pero también evidenció la capacidad de movilización de los movimientos estudiantiles y de izquierda tras el 23F.

Ruth García Belmonte
Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UCAM, es la directora de Contenidos de la SER en la...




