Teresa y María José, taxistas de Cartagena: psicólogas, guías y hasta detectives
Con apenas siete mujeres en el sector, las taxistas de Cartagena rompen el estereotipo de una profesión históricamente masculinizada

Entrevista taxistas Teresa y María José
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Cartagena
En una ciudad con casi 200 licencias de taxi, apenas seis o siete mujeres se ponen cada día y cada noche al frente del volante en Cartagena. Son una minoría que rompe moldes en una profesión tradicionalmente masculinizada, pero lo hacen con una naturalidad y una fuerza que rompen cualquier estereotipo. Teresa y María José, las caras detrás de las licencias 249 y 103, han pasado por los micrófonos de Radio Cartagena para compartir una trayectoria llena de kilómetros, psicología y, sobre todo, mucho carácter. “Mi taxi no tiene novio, tiene novia”, bromea María José, recordando las palabras de quien le vendió la licencia hace ya dos décadas.
María José es una de las veteranas; lleva 21 años en el sector tras dejar la hostelería en busca de un cambio radical: “Empecé año nuevo, vida nueva el 1 de enero de 2005. Me saqué el carné de autobús y pensé: lo primero que salga. Salió el taxi y aquí sigo”. Sus inicios no fueron fáciles en un entorno de hombres, donde se ganó el apodo de 'la mujer' por pura inercia de la emisora: “Como no conocía los nombres de las chicas de la centralita, yo a todas les decía ‘mujer, dime esta calle’, y al final los compañeros decían ‘ya viene por ahí la mujer’”. A pesar de los recelos iniciales, asegura que los hombres mayores han sido sus mejores aliados: “Eran los que más te apoyaban y con más simpatía te hablaban”.
Por su parte, Teresa representa una hornada más reciente. Llegó al taxi hace cuatro años y medio, empujada por la crisis de la pandemia mientras trabajaba como comercial: “Jamás pensé que me iba a quedar, pero me encuentro súper a gusto; tengo un horario flexible, me gusta conducir y me encanta el trato con el público”. Sin embargo, Teresa lamenta que en pleno 2026 todavía haya quien se extrañe de verla trabajar: “Me dicen habitualmente: ‘¿No te da miedo tú como mujer trabajar en un taxi?’. Y me llama la atención que lo digan tanto jóvenes como mayores. Yo soy clara: miedo no tengo, si no, no estaría aquí”.
Esa falta de miedo es indispensable para afrontar el turno de noche, donde ambas han tenido que lidiar con situaciones de acoso o falta de respeto. Teresa relata episodios incómodos con clientes que se pasan de la raya: “Me han intentado acosar un poquito diciéndome: ‘¿Por qué no me das un beso?’. Ahí hay que ponerse bastante firme y decir: o te bajas o llamo a la policía ahora mismo”. María José coincide en que la psicología y la autoridad son sus mejores herramientas: “Una noche de guardia tuve que echar el freno de mano y decirle a uno: ‘¿Tú crees que yo estaría aquí a las cuatro de la mañana de un lunes para aguantarte a ti? O te bajas o te bajo’”.
Pero no todo es tensión. El taxi es, ante todo, un "confesionario con ruedas". Teresa confiesa sentirse “como una psicóloga sin saberlo” porque los clientes encuentran en el asiento trasero un lugar donde desahogarse: “Me cuentan problemas muy fuertes, se bajan y me dan las gracias porque se sienten más tranquilos. Me llena sentir que ese día he ayudado a alguien”. María José incluso ha vivido situaciones dignas de un guion de cine, como cuando le encargaron persecuciones: “He hecho dos persecuciones al marido. Una señora me decía: ‘Quítale las pegatinas al taxi, a ver si sale de trabajar’. Al final ni salió ni estaba donde decía, y yo ahí ya me fui”.
Sin embargo, tras las risas y las anécdotas, surge la cruda realidad social de Cartagena: la soledad de los mayores. María José aprovecha su visibilidad para lanzar un mensaje que le sale del corazón y que, según dice, le “hiere el alma”: “Me pone los pelos de punta ver a las abuelitas solas yendo al médico; te lloran porque tienen a los hijos trabajando y no pueden acompañarlas. Por favor, acompañad a vuestros mayores, no los dejéis solos en un taxi para ir al hospital”. Es la otra cara de un servicio público que, gracias a mujeres como ellas, es hoy un poco más humano y mucho más igualitario.




