La apasionante historia del barco cartagenero que sobrevivió a los turistas y al olvido en Mallorca
El pecio 'Ses Fontanelles' iniciará en el ARQUA su proceso de restauración tras confirmar que su valioso cargamento de aceite y salazones fue estibado en el puerto de Carthago Nova
Cartagena
La arqueología mediterránea está viviendo uno de sus capítulos más fascinantes de la última década. Lo que comenzó como un hallazgo fortuito tras un temporal en la playa del Arenal de Palma de Mallorca, se ha revelado como el mayor tesoro de inscripciones comerciales del mundo romano. El pecio 'Ses Fontanelles', un barco del siglo IV después de Cristo que partió del puerto de Cartagena cargado de tesoros gastronómicos de la época, ha comenzado su proceso de extracción para, finalmente, regresar a su origen.
El Consell de Mallorca ha iniciado el complejo operativo para sacar del agua los restos de esta embarcación tardorromana, considerada uno de los hallazgos más importantes del Mediterráneo Occidental. Pero, ¿cómo se sabe con tanta certeza que este barco procedía de Cartagena? El arqueólogo Darío Bernal Casasola lo explica con claridad: "Lo sabemos porque cuando se excava un pecio, tienes la arquitectura naval y el cargamento. En este caso, las ánforas se han cotejado con todos los talleres conocidos en la Península Ibérica y los únicos compatibles son los situados al sur de Carthago Nova".
Un hallazgo "milagroso" bajo la arena de los turistas
La historia del descubrimiento parece sacada de una novela de aventuras. En una de las playas más transitadas de Mallorca, a escasos metros de la Catedral y bajo los pies de miles de turistas cada verano, el mar guardaba este tesoro. Fue un temporal el que, de forma natural, retiró la arena y dejó al descubierto un cargamento sellado con sus tapones originales e inscripciones pintadas en un estado de conservación excepcional. "Es una cosa milagrosa. Los grandes descubrimientos de la antigüedad suelen ser fortuitos", reconoce Bernal.

El pecio de Ses Fontanelles prepara su desembarco final en el Museo ARQUA de Cartagena / Darío Bernal

El pecio de Ses Fontanelles prepara su desembarco final en el Museo ARQUA de Cartagena / Darío Bernal
El barco transportaba lo que el arqueólogo denomina "las latas de conserva de la antigüedad": un cargamento mixto de aceite, vino y salazones de pescado. Entre ellas destaca la joya de la corona, la "flor de licuamen", una pasta fermentada de pescado de altísima calidad que era el motor económico de la zona del sureste hispano en el siglo IV.
El mayor conjunto de 'tituli picti' del mundo antiguo
Lo que hace único a este naufragio no es sólo el barco en sí, sino la información escrita que transportaba. Se han localizado 85 inscripciones pintadas, conocidas como tituli picti, el conjunto más importante de todo el mundo antiguo. Estos textos han permitido a los investigadores "entrar" en el puerto de Cartagena hace 1.700 años.
"Hemos podido ver que había siete escribas diferentes trabajando al mismo tiempo en el puerto mientras se estibaban las ánforas en la bodega", detalla el arqueólogo. Esta caligrafía antigua revela una economía productiva a gran escala en el sureste de España durante la época de Constantino que hasta ahora era desconocida para los historiadores.
Un debate abierto: ¿comercio o religión?
El pecio también es un reflejo de la crisis de identidad del Imperio Romano, que en ese siglo transitaba del politeísmo al cristianismo. Los restos cuentan dos historias paralelas: por un lado, una lucerna utilizada por un marinero con la imagen de la diosa pagana Diana Luquífera; por otro, los sellos de las ánforas de aceite con el crismón, el anagrama de Constantino.
Este detalle ha generado un debate científico al más alto nivel: "No sabemos si el crismón se usa con finalidad religiosa y el cargamento procedía del obispo o de un monasterio del entorno de Cartagena, o si se utilizaba como un símbolo institucional", explica Bernal, subrayando que cuanta más información aparece, más complejo y rico se vuelve el contexto.
El destino final: el ARQUA de Cartagena
Tras cinco años de investigaciones y la colaboración de las universidades de Barcelona, Islas Baleares y Cádiz, el 'Ses Fontanelles' se prepara para su último viaje. Una vez termine la excavación y el delicado proceso de desalación de las maderas, el barco regresará a la ciudad que lo vio zarpar.
El Museo Nacional de Arqueología Subacuática (ARQUA), en Cartagena, será el encargado de la conservación y restauración definitiva de la madera. Para arqueólogos como Darío Bernal, el proyecto es un regalo profesional irrepetible: "Vuelves a ser un niño cuando te pones el neopreno y ves las ánforas o los zapatos perfectamente conservados de los marineros que gobernaban esta embarcación".
Cartagena recupera un testigo directo de su pasado como potencia comercial del Mediterráneo, cerrando un círculo que comenzó hace casi dos milenios.




