Un estudio de la UMU revela el impacto real de la violencia digital: ansiedad, baja autoestima y miedo a que el acoso “salte” a la vida física
El informe, elaborado con más de 1.000 mujeres, confirma que un 61 % ha sufrido presiones sexuales online y que el anonimato multiplica la impunidad; el caso de Rita Maestre dispara la alerta pública

Entrevista violencia digital, profesor de la UMU, Pedro José López
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MURCIA
La Universidad de Murcia ha presentado uno de los estudios más completos realizados en España sobre violencia digital, un fenómeno que, según sus investigadores, ha dejado de ser un problema “virtual” para convertirse en una forma de agresión con efectos directos y medibles en la salud mental y la vida diaria de las víctimas. El doctor Pedro José López Barranco, profesor de la UMU y coautor del informe, explica que la violencia digital “es cualquier abuso, acoso o explotación sexual ejercida a través de pantallas, redes o plataformas”, desde presiones para enviar imágenes íntimas hasta amenazas, manipulación o difusión no consentida de datos personales.
El estudio combina un trabajo cuantitativo con 1.027 mujeres y grupos focales cualitativos. Las conclusiones son contundentes: más del 60 % reconoce haber sufrido algún tipo de violencia sexual online, y un 61 % asegura haber recibido presiones para enviar fotos íntimas o realizar actos sexuales por webcam. Estas prácticas —según la investigación— no son episodios aislados, sino una extensión digital de la violencia machista ejercida en otros ámbitos.
El caso reciente de la concejala madrileña Rita Maestre, cuya dirección fue difundida en chats de Telegram en anuncios sexuales falsos que provocaron la llegada de hombres a su domicilio, se ha convertido en ejemplo de cómo estas agresiones trascienden la pantalla. López Barranco explica que se trata de una forma de “violencia sexual digital” similar al doxing, que utiliza los datos personales para intimidar y generar miedo. En los testimonios recogidos por los investigadores, varias mujeres relataron situaciones parecidas: desde la recepción inesperada de imágenes explícitas hasta la llegada de mensajes sexuales no solicitados tras la filtración de datos.
Según los análisis estadísticos, las víctimas presentan mayor ansiedad, menor autoestima y peor calidad de vida. No se trata de una impresión subjetiva: “Son resultados científicos —detalla el investigador—; la violencia digital modifica indicadores de salud mental de forma demostrable”. Muchas mujeres afirman evitar publicar fotos, restringir su actividad en redes o cambiar hábitos por miedo a que el acoso digital se traslade al mundo físico.
Uno de los factores que más alimenta esta violencia es el anonimato. El estudio señala que la falta de identificación en redes facilita la impunidad y multiplica la agresividad, especialmente en edades tempranas, donde la exposición a internet es mayor. Algunas participantes defendieron un “cero anonimato” en plataformas para frenar la escalada de agresiones.
Sobre la prevención, López Barranco reconoce avances en centros educativos y universidades, pero insiste en que queda camino por recorrer. Propone programas basados en evidencia científica, protocolos específicos y formación para docentes, sanitarios y familias. Y lanza un mensaje a quienes sufren esta forma de violencia: acudir a atención primaria, donde existen mecanismos para activar apoyo psicológico y social, incluso cuando la víctima teme contarlo por vergüenza o exposición pública.
“El acoso digital no se queda en el móvil —concluye—. Te acompaña en el bolsillo 24 horas al día. Es real, es dañino y debemos abordarlo como un problema de salud pública”.

Ruth García Belmonte
Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UCAM, es la directora de Contenidos de la SER en la...




