Jesús confiesa que nunca había vivido un invierno tan amargo en sus 30 años al frente del negocio en Cartagena
El dueño de un emblemático local de desayunos en la Plaza de España confiesa que nunca había visto un clima tan adverso en tres décadas de trabajo

Jesús confiesa que nunca había vivido un invierno tan amargo en sus 30 años al frente del negocio en Cartagena / Ser

Cartagena
Cartagena es sol, terrazas llenas y el ruido de las cucharas golpeando el cristal del café asiático. Pero este invierno de 2026 ha sido otra historia. Entre nubes, ráfagas de viento y una lluvia que parece no querer dar tregua, los hosteleros de la ciudad han vivido meses de resistencia pura. En la primera línea de esta batalla está Jesús, un veterano que lleva tres décadas al pie del cañón y que, mientras prepara con precisión una tostada de tomate, reconoce que el balance es, cuanto menos, triste.
“Este año hemos tenido de todo: lluvia, viento... solo ha faltado un poquito de nieve”, comenta Jesús con la mirada puesta en una terraza que es el pulmón de su negocio. La realidad de la hostelería en Cartagena es clara: cuando el cielo se cierra, las persianas sufren. “Cuando llueve aquí en Cartagena, la gente no suele pararse a tomar café y tostada. Cuesta mucho sacar adelante los negocios así”, confiesa mientras admite que ha habido demasiadas mañanas en las que las expectativas se quedaron muy lejos de la realidad.
A pesar de llevar 30 años tras el mostrador, Jesús se muestra sorprendido por la dureza de esta temporada. Asegura que el cambio en el clima es evidente y que no recuerda nada igual: “Desde luego el clima está cambiando tanto que, como este invierno, nunca. Creo que es el peor”. Es una afirmación de peso viniendo de alguien que ha visto pasar crisis y bonanzas desde su privilegiada atalaya de desayunos y tertulias matinales.
Muchos podrían pensar que la hostelería es una carrera de fondo donde lo que no se vende hoy se vende mañana, pero Jesús tumba ese mito con la contundencia del que echa cuentas cada noche. “No, no. Lo que se pierde un día ya no se recupera. Eso que pasa, no se recupera”, explica con resignación. Para él, la única fórmula para seguir adelante es la resiliencia pura: “Seguimos luchando y trabajando, es lo que hay. Yo echo mis nueve o diez horas todos los días y sigo esperando con ilusión. Si no tengo ilusión, no llego a la jubilación”.
Esa ilusión es la que le permite trabajar solo, una decisión que hoy ve como su tabla de salvación en un contexto económico asfixiante. “El que tenga trabajadores hoy en día en España lo tiene muy complicado. Un negocio con empleados en Cartagena es cada vez más difícil”, reflexiona Jesús, señalando que la combinación de crisis y mal tiempo es un cóctel "casi imposible" de digerir para muchos de sus compañeros de profesión.
Ni siquiera la inminente Semana Santa parece ser el bálsamo definitivo para su modelo de negocio, centrado en el madrugón y el servicio de mañana. “Por la mañana la Semana Santa es complicada, solo funciona el centro”, apunta con realismo. Pese a todo, Jesús no pierde la sonrisa ni el ritmo con la cafetera, confiando en que la primavera devuelva a los cartageneros esa costumbre tan nuestra de salir a disfrutar, charlar y tomarse esa tostada que, por fin, sepa a buen tiempo.




