Del cuidado de la piel a la salud mental: la ciencia que conecta nuestros hábitos con el bienestar
En el laboratorio de José Manuel López Nicolás, el divulgador murciano explica cómo la oncocosmética y la alimentación influyen directamente en nuestra calidad de vida

El laboratorio de López Nicolás: del cuidado de la piel a la salud mental
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Murcia
Cada martes, el espacio El laboratorio de López Nicolás vuelve a abrir una ventana a la ciencia en Hoy por Hoy Murcia. En esta ocasión, el bioquímico de la Universidad de Murcia profundiza en un tema que toca de lleno la vida diaria de miles de personas: la relación entre lo que aplicamos sobre la piel, lo que comemos y cómo todo ello repercute en nuestro bienestar físico y emocional.
López Nicolás arranca explicando un concepto todavía poco conocido pero cada vez más presente en hospitales y consultas: la oncocosmética, una especialidad diseñada para atender los cambios en la piel y el cabello de quienes están en tratamiento contra el cáncer. "No hablamos de estética. Hablamos de salud y de calidad de vida", subraya el científico.
Durante los tratamientos oncológicos, la piel puede volverse extremadamente seca, irritada o sensible, y el cuero cabelludo también sufre los efectos de la quimioterapia. La oncocosmética —explica— ofrece cremas, bálsamos y productos específicos que alivian molestias, previenen complicaciones y ayudan a transitar un proceso duro en las mejores condiciones posibles.
Cómo la piel cambia durante el tratamiento oncológico
Uno de los órganos más afectados por la quimioterapia, la radioterapia o la inmunoterapia es la piel. La pérdida de hidratación natural, la aparición de grietas, la inflamación o la fragilidad en las uñas son efectos frecuentes que pueden complicar el día a día de los pacientes.
Para la quimioterapia, López Nicolás recomienda formulaciones muy hidratantes, con ingredientes como ácido hialurónico, ceramidas o manteca de karité. En el caso de la radioterapia, la prioridad es aliviar y reparar: pantenol, alantoína o centella asiática son algunos de los activos más utilizados.
Incluso la caída del cabello tiene su espacio en la oncocosmética. Aunque no se puede evitar, sí es posible cuidar el cuero cabelludo con champús suaves, aloe vera o aceites como el de jojoba, que reducen la tirantez y la descamación.
La fotoprotección, una herramienta terapéutica
Otro punto clave en el cuidado durante el tratamiento es la exposición solar. Algunos fármacos aumentan notablemente la fotosensibilidad, por lo que López Nicolás recuerda la importancia del FPS en cremas solares y del UPF en prendas textiles, una protección menos conocida pero muy eficaz.
"Protegerse del sol no es solo cuestión de verano", subraya. Ropa adecuada, gafas, sombreros y evitar las horas centrales del día forman parte de las recomendaciones fundamentales para evitar lesiones.
En paralelo, las uñas también requieren atención: pueden debilitarse o presentar alteraciones. Aceites nutritivos, queratina o siliconas específicas ayudan a reforzarlas sin recurrir a productos agresivos.
Del tocador al plato: la conexión entre alimentación y estado de ánimo
La conversación salta entonces del cuidado corporal a la salud emocional. La ciencia lleva años estudiando el llamado eje intestino-cerebro, una vía de comunicación entre la microbiota intestinal y el sistema nervioso.
López Nicolás recuerda que la dieta es uno de los factores que más influyen en ese ecosistema. Los alimentos ultraprocesados, muy ricos en azúcares añadidos, harinas refinadas, grasas de mala calidad y sal, afectan negativamente a la diversidad bacteriana. Y esa pérdida de diversidad se relaciona con inflamación, alteraciones metabólicas y posibles efectos sobre el estado de ánimo.
Diversos estudios poblacionales han observado que un mayor consumo de ultraprocesados se asocia a más riesgo de presentar síntomas depresivos. No es el único factor —aclara—, pero sí una pieza importante en el puzle de la salud mental.
Psicobióticos y hábitos que suman
El bioquímico también se detiene en los psicobióticos, bacterias que podrían tener efectos beneficiosos sobre la ansiedad o el estrés. Aunque los resultados son prometedores, insiste en que la evidencia aún es inicial.
En definitiva, la ciencia dibuja un organismo profundamente interconectado: lo que ocurre en la piel influye en cómo nos sentimos, lo que ocurre en el intestino puede modificar nuestro estado de ánimo y nuestros hábitos diarios terminan construyendo —o erosionando— nuestro bienestar.
"La salud se construye en pequeños gestos cotidianos", resume López Nicolás. Cuidar la piel, protegerse del sol, dormir bien, moverse más y alimentarse mejor son piezas que encajan para favorecer tanto el bienestar físico como el emocional.




