Cuando marrajos y californios ocultaban sus prototipos bajo gabardinas
El veterano californio, Juan José Muñoz, recuerda la carrera secreta entre el butano y la electricidad que logró la independencia lumínica y cambió para siempre la estética de las procesiones de Cartagena

Entrevista Juan José Muñoz y Gonzalo Balsalobre
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Cartagena
La historia de la Semana Santa de Cartagena guarda pasajes dignos de una novela de la Guerra Fría. Uno de los más curiosos lo ha rescatado Juan José Muñoz, veterano referente de la agrupación de San Pedro, al recordar cómo se gestó la revolución tecnológica que cambió los desfiles para siempre: el fin de la era de los cables. En una charla en Radio Cartagena para el programa La Ventana 'Paso a Paso', cargada de nostalgia con su sobrino, el periodista Gonzalo Valsalobre, Muñoz ha revelado que la independencia lumínica de los tronos nació entre reuniones secretas y mecanismos camuflados.

Cuando marrajos y californios ocultaban sus prototipos bajo gabardinas / Juan José Muñoz

Cuando marrajos y californios ocultaban sus prototipos bajo gabardinas / Juan José Muñoz
"Cada uno hizo sus experimentos en secreto, que no se enterara el otro", relata Muñoz sobre aquel año 1960 en el que ambas cofradías buscaban jubilar el peligroso sistema de cableado que mantenía a los nazarenos físicamente unidos. El escenario de este "espionaje" industrial fue la mítica cafetería Denver: "Unos se reunían abajo y los otros en la parte de arriba, tapando los prototipos con unas gabardinas para que no se vieran". Mientras los marrajos probaban el butano, los californios perfeccionaban la electricidad, dando lugar a un momento mágico en la Iglesia de Santa María: "Para los que estábamos en la iglesia, que todo era cable para allá y para acá, de pronto que saliera un tercio que iba solo... era una maravilla".

Cuando marrajos y californios ocultaban sus prototipos bajo gabardinas / Juan José Muñoz

Cuando marrajos y californios ocultaban sus prototipos bajo gabardinas / Juan José Muñoz
"Si hay tanto marrajo, ¿cómo es que sacan menos?" La trayectoria de Juan José es, en sí misma, una anomalía familiar. A pesar de crecer en un entorno mayoritariamente marrajo, su decisión de vestir el color encarnado fue fruto de una reflexión infantil casi matemática. "Yo tenía más marrajos en la familia que californios, pero me hacía la siguiente consideración: si hay tanto marrajo, que lo había, ¿cómo es que sacan menos procesiones?". Esta lógica le llevó a vivir la Semana Santa desde la "trastienda", siendo durante décadas la voz que organizaba los desfiles desde el púlpito: "A mí me ha gustado siempre lo que se prepara para esta gran obra teatral en la calle".

Cuando marrajos y californios ocultaban sus prototipos bajo gabardinas / Juan José Muñoz

Cuando marrajos y californios ocultaban sus prototipos bajo gabardinas / Juan José Muñoz
El relevo de la "veteranía joven" Ese legado de pasión y detalle lo ha heredado su sobrino Gonzalo Balsalobre, quien tras 34 años en el San Pedro reconoce que el sentimiento es algo que los niños "tienen que mamar desde chiquititos para seguir la tradición". Para Gonzalo, que debutó a los cuatro años, la responsabilidad sigue pesando: "Tengo unas ganas y tengo un poco de miedo, ambas cosas a la vez, mucha emoción".

Cuando marrajos y californios ocultaban sus prototipos bajo gabardinas / Juan José Muñoz

Cuando marrajos y californios ocultaban sus prototipos bajo gabardinas / Juan José Muñoz
El periodista destaca que, más allá de la rivalidad histórica, el momento cumbre ocurre cuando el respeto se impone en la calle: "Cuando ya estás llegando a la zona del Bar Sol y ves todas esas bufandas marrajas... y ya explota ese aplauso marrajo, vas tú solo a la iglesia con tu trono... eso es maravilloso". Una mezcla de herencia, técnica y respeto que, según Muñoz, debe cuidarse evitando el "exceso de alargamiento" de las procesiones para no agotar a un público que es parte esencial de esta historia viva. Para el veterano californio, la esencia debe prevalecer sobre la duración: “No se puede tener al público dos horas y pico en una silla que no es ni siquiera un sillón”.

Cuando marrajos y californios ocultaban sus prototipos bajo gabardinas / Juan José Muñoz

Cuando marrajos y californios ocultaban sus prototipos bajo gabardinas / Juan José Muñoz




