Amar sin perderse: hasta dónde merece la pena sacrificarse por la pareja
La psicóloga y sexóloga Anna Gil Wittke reflexiona sobre los límites del sacrificio en el amor y alerta del riesgo de renunciar a valores y proyectos vitales en nombre de la relación

Amar sin perderse: hasta dónde merece la pena sacrificarse por la pareja
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“Lo dejé todo por amor”. La frase suena romántica en una película, pero en la vida real puede esconder una fuente profunda de conflicto, frustración y desgaste emocional. En el espacio Hablando claro, de Hoy por Hoy Región de Murcia, la psicóloga y sexóloga Anna Gil Wittke ha puesto sobre la mesa una cuestión clave en las relaciones de pareja: hasta qué punto es sano sacrificarse por la persona a la que amamos.
Gil Wittke distingue entre distintos tipos de sacrificios. Por un lado, los grandes renunciamientos como cambiar de país, abandonar una carrera profesional o renunciar a la maternidad o paternidad y, por otro, los pequeños esfuerzos cotidianos que forman parte de la convivencia. “El problema aparece cuando lo dejamos todo por la relación, porque entonces corremos el riesgo de exigirle que nos lo dé todo a cambio”, explica.
Cuando el sacrificio va contra uno mismo
La experta advierte de que no todos los sacrificios son iguales y subraya la importancia de no renunciar a aquello que forma parte de la identidad, los valores o el propósito vital. “Si dejo algo que es esencial para mí y con el tiempo descubro que la relación no lo compensa todo, puede aparecer el arrepentimiento”, especialmente cuando se trata de decisiones irreversibles.
Para ayudar a tomar este tipo de decisiones, Anna Gil propone un ejercicio de proyección al futuro: imaginarse dentro de 20 o 30 años y preguntarse qué consejo daría ese “yo del futuro” a la persona que es hoy. “No se trata de adivinar el futuro, sino de conectar con lo que de verdad queremos para una vida coherente y plena".
También invita a diferenciar entre lo negociable y lo innegociable dentro de una relación. “Hay cosas que pueden hablarse, aplazarse o adaptarse, pero hay otras que forman parte de nuestro camino vital. En esos casos, por mucho amor que exista, puede que no sea suficiente”, afirma.
El valor de los pequeños esfuerzos diarios
Más allá de las grandes decisiones, la psicóloga pone el foco en los sacrificios cotidianos: ceder en planes, intereses o preferencias. “Ir a ver una película que no te entusiasma, interesarte por algo que le gusta a tu pareja o escuchar cuando el otro necesita hablar, aunque no te venga bien en ese momento, también es una forma de amar”, explica.
Gil Wittke critica la idea, cada vez más extendida, de no hacer nada que suponga esfuerzo en nombre del autocuidado. “A veces confundimos cuidarnos con no ceder nunca, y eso puede convertirse en un egoísmo disfrazado de libertad”. En este sentido, recuerda que una relación de pareja implica ir un paso más allá de uno mismo y construir desde el “nosotros”.
Amor, reciprocidad y equilibrio
Para la especialista, el sacrificio solo es saludable cuando es recíproco y no se convierte en una contabilidad constante. “Las relaciones no son un 50/50 fijo. Hay momentos en los que uno da más y otros en los que será al revés”, señala. Lo fundamental es la confianza en que ambos están dispuestos a cuidar del vínculo.
“El amor no es solo un sentimiento, también es una conducta”. Escuchar, interesarse, acompañar y renunciar puntualmente a lo propio por el bienestar del otro son formas de construir una relación más sólida y consciente.
Eso sí, lanza una advertencia final: “Hay que tener mucha atención y cuidado con lo que sacrificamos. Amar no puede significar desaparecer”. Porque el verdadero reto de la pareja no es renunciar a uno mismo, sino crecer juntos sin dejar de ser quien se es.

Paco Sánchez García
Procedente de la emisora de su pueblo (Bullas), desde 2004 forma parte de la SER, siendo su primer destino...




