Lorca se adentra en los días grandes de su Semana Santa con desfiles únicos y patrimonio histórico
El Jueves y el Viernes Santo concentran las procesiones más espectaculares de una Pasión declarada de Interés Turístico Internacional

Lorca se adentra en los días grandes de su Semana Santa con desfiles únicos y patrimonio histórico
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Lorca entra de lleno en los días grandes de su Semana Santa, una de las más singulares y reconocidas de España, declarada de Interés Turístico Internacional. Devoción, historia, patrimonio y espectacularidad se dan cita entre el Jueves y el Viernes Santo, jornadas clave en las que la ciudad vive con especial intensidad sus desfiles bíblico-pasionales.
Jueves Santo: la procesión del Perdón
La tarde del Jueves Santo arranca con la procesión del Perdón, presidida por la Cofradía de Nuestro Señor Jesús Nazareno, el paso morado. El cortejo sale desde la parroquia del Carmen y recorre calles del centro histórico como Nogalte, Lope Gisbert y Floridablanca, antes de incorporarse a la carrera principal de la avenida Juan Carlos I.
Uno de los grandes protagonistas de esta procesión es el paso de la Santa Cena, una obra esculpida hace 326 años por Nicolás Salzillo, padre del imaginero Francisco Salzillo. Se trata de uno de los cenáculos más antiguos de la Semana Santa española y del paso más antiguo que procesiona en Lorca, tras ser adquirido por el paso morado en 1793.
La procesión del Perdón es también la tercera que recorre la carrera principal y cuenta con la participación de numerosos grupos bíblico-históricos, tanto a pie como a caballo o en carros, que recrean la dominación de los grandes imperios de la Antigüedad —Roma, Egipto o Persia— sobre el pueblo de Israel. En ella participan también el Paso Blanco, con el Santísimo Cristo del Rescate escoltado por legionarios de la Brigada Rey Alfonso XIII de Viator (Almería), y el Paso Azul, que ofrece un recorrido visual por el Antiguo Testamento hasta la Pasión de Cristo.
La noche del Jueves: el Silencio en San Cristóbal
Ya entrada la noche, Lorca cambia el bullicio por el recogimiento con la procesión del Silencio, que discurre por la carrera secundaria y las calles del barrio de San Cristóbal. Presidida por la Archicofradía del Santísimo Cristo de la Sangre, paso encarnado, es un desfile austero y penitencial, marcado por el silencio absoluto.
“El silencio solo se rompe por el canto de las saetas”, explica Francisco Ibáñez, presidente del paso encarnado. Un sonido que, en plena oscuridad y recogimiento, convierte el recorrido en uno de los momentos más sobrecogedores de la Semana Santa lorquina.
Viernes Santo: el día grande de Lorca
El Viernes Santo es el día grande de Lorca. Todas las cofradías, a excepción del Resucitado, participan en un desfile monumental que reúne a morados, blancos, azules y encarnados. La procesión recrea los grandes episodios del Antiguo Testamento, la Historia Sagrada y la Pasión de Cristo, combinando cortejos penitenciales y espectaculares grupos bíblico-históricos.
La procesión está presidida por el Paso Blanco, con la salida de la Virgen de la Amargura como uno de los momentos más esperados. Sus estandartes, mantos y palios, junto a los de la Virgen de los Dolores del paso azul, forman parte de los primeros conjuntos textiles de España declarados Bien de Interés Cultural.
“Es el día más importante del año para Lorca”, destaca Ramón Mateos, presidente del paso blanco, que subraya tanto la salida como la recogida de la Virgen como instantes especialmente emotivos.
Caballos, patrimonio y preparativos
Más allá de los desfiles, la Semana Santa de Lorca también invita a conocer el trabajo que hay detrás. Los visitantes pueden acercarse a espacios como la nave de la Velica, donde se preparan los caballos, uno de los grandes atractivos de los desfiles lorquinos. Entre Jueves y Viernes Santo desfilarán alrededor de 200 caballos, algunos de ellos repitiendo participación.
“El Viernes Santo es una maravilla patrimonial”, señala Miguel Ángel Peña, presidente del paso azul, que recuerda que el desfile culmina con las imágenes del Cristo Yacente y la Virgen de los Dolores.
El broche final: el Resucitado
Las procesiones lorquinas se cerrarán el Domingo de Resurrección con la procesión blanca de la alegría, protagonizada por el Jesús Resucitado, conocido popularmente como el Palero, que este año celebra el 225 aniversario de su primera salida en procesión, en 1801.
La imagen, obra del imaginero Roque López, es uno de los grandes símbolos de la ciudad, ostenta el título de alcalde honorífico de Lorca y logró salvarse de la destrucción durante la Guerra Civil tras ser escondida entre chumberas en los barrios altos.
Con todo ello, Lorca invita a vecinos y visitantes a vivir una Semana Santa única, donde tradición, fe, historia y espectáculo se entrelazan en uno de los mayores acontecimientos culturales de la región.




