La espiritualidad como sostén del dolor centra el último episodio del podcast sobre el duelo
La experta en pérdidas Mirelle Rosique reflexiona sobre la rabia, la fe y la transformación del vínculo tras una pérdida

MURCIA
Aprender a vivir con la ausencia pone el foco en la espiritualidad como herramienta para sostener el dolor. Una espiritualidad, subraya Mirelle Rosique, experta en acompañamiento emocional, que no pretende huir del sufrimiento, sino acompañarlo con honestidad.

La espiritualidad como sostén del dolor centra el último episodio del podcast sobre el duelo
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Rosique explica que la espiritualidad no es una creencia rígida ni un refugio para evitar el dolor, sino un lugar interior desde el que poder sostenerlo. “No va a eliminar el sufrimiento —señala—, pero puede convertirse en un contenedor cuando el dolor parece desbordarnos”.
Rosique aborda una de las emociones más comunes tras la pérdida de un ser querido: la rabia. Una rabia que muchas veces se dirige hacia la vida, el universo o incluso hacia Dios. Lejos de censurarla, afirma que estar enfadado con lo sagrado es legítimo y forma parte de una espiritualidad auténtica basada en la sinceridad emocional. “El duelo es siempre una crisis de sentido”, explica, y atravesarlo implica permitir todas las emociones sin juzgarlas.
El episodio también reflexiona sobre una idea clave: la muerte termina una vida, pero no una relación. Según Rosique, el duelo no consiste en “soltar” al ser querido, sino en transformar el vínculo, pasando de una presencia externa a una presencia interna. Para ello, la espiritualidad ofrece herramientas como el silencio, los rituales, la escritura, el contacto con la naturaleza o pequeños gestos cotidianos que permiten integrar la ausencia sin negarla.
Especialmente emotivo es el mensaje dirigido a quienes atraviesan un momento de duelo profundo. Mirelle invita a no tener prisa por estar bien, a abrazar la vulnerabilidad y a recordar que el dolor es proporcional al amor vivido. “El amor es el único lenguaje que sobrevive a la muerte”, afirma, insistiendo en que el camino no es olvidar, sino recordar con paz.
El episodio concluye con una idea que resume su mirada: vida y muerte caminan juntas, y entenderlo no elimina el dolor, pero permite vivirlo como parte del propio camino.




