Por qué los hombres pierden el deseo sexual y qué hay detrás
La psicóloga y sexóloga Anna Gil Wittke desmonta mitos sobre la sexualidad masculina en Hablando Claro, el espacio semanal de Hoy por Hoy Murcia

Anna Gil Wittke: falta de deseo sexual en los hombres
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Murcia
El deseo sexual masculino no es una línea recta ni una obligación permanente. Puede bajar, desaparecer durante un tiempo o cambiar de forma, y eso no significa que algo vaya mal. En el espacio Hablando Claro de Hoy por Hoy Murcia, la psicóloga y sexóloga Anna Gil Wittke ha puesto palabras a una realidad mucho más común de lo que pensamos: los hombres también pierden el deseo sexual, y las causas suelen ser mucho más complejas de lo que se cree.
Durante la conversación, Gil Wittke desmontó uno de los mitos más arraigados en nuestra sociedad: la idea de que el hombre "siempre tiene ganas". Una creencia que, lejos de ayudar, añade presión, culpa y malestar cuando el deseo no aparece.
"No tener ganas no es una anomalía. Es una experiencia humana", explica la especialista, que insiste en que la clave no está en compararse con la pareja, sino en atender a la propia historia sexual y vital.
Cuando el problema no es el deseo
Uno de los puntos principales del análisis de Anna Gil Wittke es que, en muchos casos, la falta de deseo no es el problema real, sino la consecuencia de otra dificultad previa. Especialmente frecuente es la relación entre la pérdida de deseo y la disfunción eréctil.
Cuando el encuentro sexual se vive como un examen, un posible fracaso o una fuente de conflicto, lo natural es evitarlo. "Si cada relación implica sufrimiento, exposición o reproches, el cuerpo aprende a decir que no", señala la sexóloga.
También ocurre con otros problemas como la eyaculación precoz o la eyaculación retardada. La frustración continuada, la sensación de no estar a la altura o de no cumplir expectativas acaba erosionando el deseo. En estos casos, forzar la frecuencia, programar relaciones o buscar soluciones rápidas suele empeorar la situación.
"El deseo no se activa por presión. Aparece cuando el encuentro vuelve a ser un espacio seguro y agradable", resume.
Estrés, ansiedad y sobrecarga mental
El deseo sexual tampoco vive aislado del resto de la vida. El estrés laboral, los cambios de responsabilidad o la sensación constante de no llegar tienen un efecto directo en la libido.
Según explica Gil Wittke, cuando una persona pierde las ganas de disfrutar en general —de descansar, de socializar o de desconectar— lo último que aparece es el deseo sexual. En estos casos, no se trata de un problema íntimo, sino de una señal de alarma del cuerpo.
Algo parecido ocurre con los trastornos del estado de ánimo. La depresión, la ansiedad mantenida o las dificultades emocionales prolongadas reducen el deseo porque disminuyen la capacidad de conectar con el placer. Y cuanto más se intenta "cumplir" desde la exigencia, mayor es el bloqueo.
Pornografía, infidelidad y falsas soluciones
Otro factor que suele pasarse por alto es el consumo habitual de pornografía. Aunque muchas personas creen que sirve para estimular el deseo, los estudios muestran lo contrario: la sobreestimulación constante reduce la capacidad de excitarse con estímulos reales y sostenidos, como los que se dan en una relación de pareja.
"La pareja no compite con una pantalla", advierte la sexóloga. El problema no es moral, sino neurológico y emocional: el cerebro se acostumbra a la novedad permanente y le cuesta conectar con lo que permanece.
También se abordó una causa menos visible pero determinante: la infidelidad. Cuando el deseo está focalizado en otra persona, no tiene sentido intentar activarlo dentro de la pareja. Antes de hablar de deseo, hay que hablar de vínculo, sinceridad y decisiones compartidas.
El deseo no se mide en comparación
Para cerrar, Anna Gil Wittke subrayó una idea clave: que un hombre tenga menos deseo que su pareja —especialmente en parejas heterosexuales— puede ser completamente normal. El problema aparece cuando se convierte en una comparación constante o en un motivo de reproche.
"El deseo no se valora comparándose con otra persona, sino mirándose a uno mismo", explica. Analizar cuándo ha bajado, qué ha cambiado en la vida, qué conflictos existen o qué emociones están en juego es mucho más útil que buscar culpables.
Hablar del deseo masculino sin prejuicios ni exigencias es también una forma de cuidar la salud emocional y de pareja. Y espacios como Hablando Claro ayudan a abrir conversaciones necesarias que, durante demasiado tiempo, se han hecho en silencio.

Paco Sánchez García
Procedente de la emisora de su pueblo (Bullas), desde 2004 forma parte de la SER, siendo su primer destino...




