Secretos, leyendas y milagros ocultos bajo los escombros de San Ginés de la Jara
El complejo de San Ginés fue la clave para un macroproyecto urbanístico que nunca se hizo, quedando el monasterio desprotegido y en el olvido

Entrevista José Luis Sánchez, experto Monasterio de San Ginés de la Jara, Cartagena
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Cartagena
Ubicado en un paisaje estratégico de la comarca de Cartagena, el Monasterio de San Ginés de la Jara se alza hoy como un monumento olvidado. Pese a ser la casa del patrón de la ciudad y estar declarado Bien de Interés Cultural (BIC), este complejo que atesora restos desde el siglo II a.C. languidece entre matorrales, luchas administrativas y promesas incumplidas de restauración.

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Hablamos con José Luis Sánchez, uno de los activistas que más años lleva peleando por su supervivencia, para entender cómo un enclave que fue "el centro neurálgico de la zona" ha terminado convertido en un esqueleto de muros desconchados.

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La importancia del monasterio no se limita a su fachada barroca. Según explica Sánchez, el valor arqueológico del sitio es "insospechado". La estructura que hoy vemos es apenas la punta del iceberg de una historia que no ha dejado de crecer a lo largo de los siglos: "El edificio realmente arranca desde el siglo II a.C.; fue una villa romana y a partir de ahí ha ido creciendo. Lo que vemos hoy es la iglesia de 1620 y un claustro del XVIII, pero debajo de ese claustro hay otro, y debajo columnas romanas. Sería muy importante poder estudiarlo".

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Sin embargo, el acceso está prohibido y el interior es desolador. Sánchez describe un panorama de "cascotes, suciedad y paredes llenas de humedad". Aun así, la belleza se resiste a desaparecer: "Gracias a la humedad se pueden adivinar las pinturas que había, porque toda la iglesia está pintada. De hecho, el altar no es un altar físico, es un trampantojo pintado", revela el experto.

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¿Por qué un edificio de tal calibre está en ruinas? Para Sánchez, la respuesta es clara: el patrimonio fue víctima de la especulación urbanística. "Básicamente, porque hemos tenido mala suerte. El Monasterio fue una moneda de cambio para que una constructora hiciese aquí un complejo de superlujo y un campo de golf", lamenta. Aunque la justicia y la ley de patrimonio obligan a la propiedad actual (Hansa Urbana) a reconstruirlo, los trabajos avanzan a una velocidad desesperante. Sánchez señala directamente la falta de contundencia política: "La administración podría apretar, porque tiene potestad para ello, pero la verdad es que no lo hace y deja que esto continúe así, la aglutinación poco a poco. No sé por qué no presionan para acabar teniendo en sus manos una joya como esta".

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San Ginés de la Jara es, ante todo, un lugar cargado de mística. Desde la leyenda de la cabeza decapitada de San Ginés que llegó navegando desde Arlés, hasta la de su llegada sobre una capa usada como balsa tras una tormenta en Cabo Palos. Sánchez recuerda con especial cariño la "Edad de Oro" del monasterio, ligada a la figura de Don Juan de Austria: "Él estuvo aquí el día que entronizaron a la Virgen del Milagro. Tras una sequía de muchísimos años, empezó a llover y al año siguiente hubo una de las mejores cosechas que se recuerdan. Don Juan de Austria donó incluso un cañón y la Corte apadrinó el monasterio; empezaron a llegar cuadros y joyas".

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Uno de los detalles más sorprendentes que revela Sánchez es la presencia de una estructura defensiva que pasa desapercibida para el ojo inexperto. "Al lado de la torre del campanario hay una torre medieval que formaba parte del antiguo monasterio", apunta, añadiendo un dato que eleva la importancia política del lugar: "Dicen que allí se alojó incluso Alfonso X El Sabio". Esta relevancia histórica se extendía también a la geografía de la zona, ya que hasta mediados del siglo XIX, "toda esta sierra, desde Cartagena hasta Cabo de Palos, se llamaba Sierra de San Ginés", un nombre que se fue perdiendo cuando la desamortización dejó el complejo en manos de Miguel Andrés Estalico, el hombre más rico de la región en aquel momento, quien se encargó de "borrar toda la huella" del santo para evitar aglomeraciones en sus tierras.

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La charla también arroja luz sobre la curiosa relación del monasterio con el mundo islámico, un vínculo que rompe con la narrativa tradicional. Sánchez explica que San Ginés era "muy venerado por los árabes, que decían que era pariente de Mahoma y hacían sus propias romerías". Esta devoción popular llegaba al extremo de que las mujeres de la época "sabían que la tierra del sepulcro era milagrosa y cosían saquitos de tela con ella para ponérselos debajo de las faldas". Sin embargo, la identidad del ocupante de ese sepulcro sigue siendo uno de los grandes misterios del enclave: "En el año 1024 vinieron de Francia para llevarse el cuerpo del santo, pero lo que encontraron no fue un hombre, sino una santa, una mujer, y se la llevaron".

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Finalmente, el activista insiste en que el potencial del BIC va mucho más allá de las paredes del monasterio, formando un ecosistema cultural único en el Mediterráneo. "El Monasterio tenía un rosario con 14 etapas que están por ahí dispersas, y el Monte Miral, que forma parte del conjunto, llegó a tener nueve ermitas", recuerda Sánchez. Para el experto, la zona es un "tesoro bloqueado" que incluye desde calzadas romanas hasta la Cueva Victoria con su yacimiento paleolítico de 80.000 años. Por ello, pide a los responsables públicos "un poco de imaginación para saber ver el potencial de este rincón", advirtiendo de que, aunque hoy solo quede una placa de la Calle de las Mercedes, este lugar fue una vez un caserío vibrante con más de 250 vecinos.
Respecto al saqueo que ha sufrido el edificio durante décadas, Sánchez utiliza un término curioso: el "expolio positivo". Se refiere a piezas que fueron retiradas por antiguos propietarios o vecinos y que, gracias a ello, no se perdieron para siempre. Es el caso de un sillar romano, cuadros o la propia campana del monasterio, que terminó en una casa de La Manga tras ser rescatada de un chatarrero. "Hoy están depositadas en el Museo Municipal a la espera de que se restaure el edificio para volver", explica.
Para José Luis Sánchez, la recuperación no debe quedarse en la simple limpieza de los muros. El potencial de la zona es inmenso, incluyendo el Monte Miral, sus ermitas y los yacimientos paleolíticos cercanos. Su deseo es ver el monasterio convertido en un foco de conocimiento: "La mejor solución es terminar de reconstruirlo, abrirlo y que se encargue alguna universidad. Que sea un centro de excavaciones para arqueólogos, porque hay muchísimo que desenterrar. Las paredes están vacías, pero por dentro el monasterio está lleno de historia".
Por ahora, los conductores que circulan hacia La Manga seguirán viendo la silueta del monasterio como un recordatorio de lo que Cartagena fue y de lo que, todavía, más de dos siglos después, no ha vuelto a ser.




