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La historia de 'Marcelo', el barman neoyorkino que se enteró el primero de la caída de Lehman Brothers

Guillermo Fesser y Marcelo Hernández se han asomado a La Ventana para hablar de la novela 'Marcelo'

Madrid

Setenta y siete años dan para mucho. Si no que se lo digan a Marcelo Hernández, barman del Oyster Bar, situado frente a la Estación Gran Central de Nueva York durante casi medio siglo, y protagonista de la última novela del madrileño Guillermo Fesser. "Un barman es el que manda en un bar, alguien a quien todo el mundo quiere, pues en el mundo todo el mundo tiene sed", explica Marcelo, ecuatoriano de origen, que llegó a Nueva York en el año 1964.

Marcelo, que se considera "doctor de doctores", reconoce que lo suyo siempre fue vocacional. Una especie de "destino", que volvería a elegir una y otra vez. Un hombre conocido por muchos, que cada noche atendía detrás de la barra de un bar por el que han desfilado personalidades como Cantinflas, Fernando Rey o Pep Guardiola.

Un sándwich de ostras fritas

Un sándwich de ostras fritas. Eso fue lo que unió a Marcelo con Guillermo Fesser, aunque parezca una broma. "Todo empezó cuando un amigo me dijo: 'Tú no has estado en New York si no has probado el sándwich de ostras fritas", ha contado Fesser. Fue al Oyster Bar y, cómo no, se lo sirvió Marcelo. Otro día, llevó a su mujer, Sara, que también quedó encantada. "Le dije: 'Este hombre tiene una historia' y me respondió: 'No tiene una historia, tiene la historia, así que haz el favor de escribirla", recuerda el periodista.

Hoy, tiempo después de ese primer encuentro, que Marcelo define como "inolvidable", la historia del barman está plasmada en un libro, editado por Contraluz, y que conjuga la historia de los millones de emigrantes que llegan al país en busca del sueño americano.

Una vida de anécdotas

Son muchos los rostros con los que Marcelo se ha cruzado a lo largo de todos los años en los que ha sido barman. Conocidos y anónimos. Altos y bajos. Músicos y empresarios. Para todos ellos tuvo siempre una sonrisa. "Mi trabajo consiste en ayudarte a olvidar lo malo del día y hacerte el mejor cóctel de la tarde", apunta Hernández, amante empedernido de la música.

Un montón de buenos momentos, pero también de malos tragos. "Fui el primero en enterarme de la crisis de Lehman Brothers, antes que la prensa", cuenta. "Ese día, vino uno de los de Wall Street, que llevaba 20 años pidiendo lo mismo, y dijo: 'necesito algo fuerte, hoy cerraron Lehman Brothers'". Todo el mundo, relata Hernández, se quedó "mudo".

La dilatada experiencia le hace saber distinguir la personalidad de aquel que entra por la puerta solo con saber lo que pide o con escuchar la manera en la que responde a un saludo. El humor es importante. Por eso Marcelo adecúa su corbata al sentir de cada día. Cada día una diferente. Una que represente el "humor del día". "Yo no sé qué corbata me voy a poner hasta que no salgo a escena", dice Marcelo, objeto de miradas de muchos curiosos que se asoman al local cada día solo para mirar la corbata. El bar es su escena. Lo fue y lo seguirá siendo.

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