Hora 25Hora 25 de los Negocios
Economia y negocios

La 'des-globalización' a debate

La guerra de Ucrania, la ruptura de las cadenas de suministro y el proteccionismo que se impone como respuesta a ambas, supone el punto final a la globalización tal y como la hemos conocido. ¿Cuáles pueden ser las consecuencias? ¿Hacia dónde se dirigen las actuales relaciones comerciales internacionales? Lo analizamos con Rafael Doménech y Susana Ruiz.

Madrid

La globalización toca a su fin. O al menos, así se desprende de los discursos de muchos de los líderes políticos y económicos que esta semana se dan cita en el Foro de Davos, que coinciden en que la guerra de Ucrania, la ruptura de las cadenas de suministro y el proteccionismo que se impone como respuesta ambos, supone el punto final a la globalización tal y como la hemos conocido hasta ahora. Un proceso que ha conllevado grandes beneficios, pero también tremendas desventajas: en el lado positivo, el auge de la globalización ha conllevado una reducción de la pobreza a nivel global, frente a los 2000 millones de personas que vivían en situación de pobreza extrema en 1990, esa cifra se ha reducido en 1.300 millones de personas; en el lado negativo, también ha impulsado la desigualdad, y es que, de toda la riqueza que se ha generado a nivel mundial en las tres últimas décadas, el 1% más rico ha acaparado casi un tercio.

Una de las personas que se ha pronunciado en este sentido ha sido Gita Gopinah, directora del Departamento de Estudios del Fondo Monetario Internacional, quien ha reconocido en este foro que “nos preocupa la fragmentación porque incluso si el comercio global no se redujera, el mundo se vuelve más dividido en bloques geoeconómicos y geopolíticos y eso tiene algunas consecuencias. Sabemos que cuando hay desacoplamiento tecnológico, cuando hay un aumento en la incertidumbre en las relaciones comerciales todo esto estimamos que tiene unos efectos sobre el PIB que son bastante grandes”. Y es que el resultado de este nuevo contexto geopolítico se está desarrollando a través, fundamentalmente, de un repliegue de los Estados sobre sí mismos, al tiempo que las empresas comienzan a relocalizarse. "Lo que hemos aprendido en los últimos años es que, a lo mejor, habíamos ido demasiado lejos a la hora de primar factores estrictamente económicos sin tener en cuenta que la seguridad de suministros también importaba, pero yo creo que, fundamentalmente, son factores geopolíticos los que están detrás de estos movimientos, porque si no fuera por ellos, bastaría con la diversificación" apunta Rafael Doménech, responsable de Análisis Económico de BBVA Research, en Hora 25 de los Negocios.

Además, estos movimientos se suman a otros más proteccionistas, que ya se reflejaban en la guerra comercial entre Estados Unidos y China, pero que despliegan ahora su mayor potencia, a través de nuevos aranceles a las exportaciones en muchos países del mundo. "El problema es que hemos avanzado muy rápidamente en la globalización sin unas reglas del juego que vayan a la misma velocidad, entonces cuando ha habido factores que generan una cierta disrupción, ahora, con el contexto de la guerra, pero también con algunas de las últimas administraciones de Estados Unidos, las reglas del juego cambian y nadie sabe cómo van a ser, entonces hemos tenido guerras comerciales que respondían más bien a intereses políticos, a batallas fiscales, y unas reacciones que no tenían nada que ver con los problemas de oferta y demanda que vemos ahora" explica en este sentido la coordinadora de Justicia Fiscal para Oxfam, Susana Ruiz, en Hora 25 de los Negocios.

Un nuevo modelo que no solo afectará a la economía global, si no también a nuestro día a día cotidiano. "Esto significa un cambio de precios relativos, posiblemente tenemos que pagar algo más por aquello que estábamos consiguiendo a precios más baratos gracias a la globalización, pero esto no es inevitable, es dinámico, los países iremos decidiendo hasta dónde queremos llegar con esta situación, pero la globalización deservicios todavía va adelante, y necesitamos no poner trabas a la financiera porque necesitamos muchas inversiones para hacer frente durante las próximas décadas a este proceso de transición energética" concluye Doménech en este sentido. Una situación que en cualquier caso, ya se venía produciendo en diversos ámbitos, señala Ruiz. "Cambiar algunos modelos y hábitos de consumo quizá no sea malo tampoco para el medioambiente, y esa descarbonización también requiere de decisiones, y no parece que el camino sea tan fácil en un camino como este. Creo que habrá varios cambios, pero el acortar las cadenas de valor es algo que ya estaba pasando, y se produce mucho más rápidamente para los productos con mucho menos valor, que son más fáciles de mover" explica la responsable de Justicia Fiscal de Oxfam.

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