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¿Se puede suspender la EBAU por faltas de ortografía? Dos correctores responden

'La Ventana' pregunta a los profesores cuáles son los criterios de evaluación de las pruebas

¿Se puede suspender la EBAU por faltas de ortografía? Dos correctores responden

¿Se puede suspender la EBAU por faltas de ortografía? Dos correctores responden

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Madrid

Más de 250 mil estudiantes de toda España realizarán los exámenes de selectividad durante estas semanas. Acorde a datos del Ministerio de Universidades, en el último curso el 90% de los matriculados aprobó en primera fase. Apreciando las cifras no parece difícil aprobar, pero esta afirmación no podría concordar con la opinión de los alumnos. En juego está una plaza universitaria y con ésta las décimas diferenciales que determinarán si sortean, o no, la nota de corte para acceder al grado que desean.

La tensión se palpa en todas las facultades del país. No solo por parte del alumnado, también de padres y profesores, testigos directos del trabajo de los dos últimos años. Pero, a la sombra de las pruebas, convive otra figura protagonista: el corrector. ¿Quiénes están detrás de las notas de los futuros universitarios? ‘La Ventana’ habla con Fefi Caballero y Félix Chicote, correctores de la Universidad de la Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM).

“Es una responsabilidad y la mayor parte de los profesores son conscientes de la cantidad de pruebas en tres días”, declara Chicote. Para el profesor de Historia, con alrededor de una década de experiencia, la clave está en “tener sensibilidad en saber qué se está evaluando, que no corrigiendo”, una cualidad que se suele cumplir, ya que la mayoría de correctores son profesores.

Por su parte, Caballero se encarga de la materia de Matemáticas II (de la rama de ciencias) desde hace tres años. “Son días especiales, de bastante estrés y de mucha intriga hasta que tienes los exámenes en las manos para corregir”, señala. De su labor depende el futuro académico de un centenar de jóvenes, motivo por el que siente “nervios”, aunque menos que el alumnado. “Nosotros tampoco lo pasamos bien, no es un plato de buen gusto”, apunta.

Interpretación en las correcciones

En cuanto a las correcciones, la profesora de la ULPGC reconoce que en el caso de Matemáticas “no es tan complejo” como en asignaturas “más subjetivas” como es Inglés, que se basa en textos. “Realizamos unas rúbricas previas que contienen las soluciones de los cuatro problemas y las calificaciones detalladas”.

Para el “evaluador” manchego, como preferiría que lo llamaran, en asignaturas como Literatura o Historia “es más fácil interpretar, pero siempre que se profundice”. “En las rúbricas se contemplan unos mínimos y logros”, por lo que las cuestiones que se alejan “no se pueden evaluar”.

Examen ciego

“Solo tienes cinco o seis folios, no sabes a quién evalúas, tampoco el centro”, aclara Caballero. Pese al sistema de identificación de código de barras, para la profesora de Ingeniería Geomática existen aspectos que permiten determinar cómo es el alumno: “en la expresión del ejercicio se nota cómo lo tienen de claro, pero no entendemos las circunstancias personales ni su trayectoria para llegar hasta allí”, destaca.

Frente al catastrofismo, “los datos no dan motivos para el escepticismo”, declara Chicote. “Los resultados son muy positivos y las pruebas pueden compararse con una de COU de hace 25 años”.

Faltas de ortografía

Total disparidad en cuestiones de mala ortografía. “En Matemáticas no está estipulado que se pueda penalizar”, señala la docente canaria, mientras, el director del Instituto Maragarita Salas de Seseña señala que la penalización puede llegar hasta el 10% en las asignaturas de letras porque “se insiste en los estándares”.

En cuanto a los exámenes que corresponde a cada corrector, varía según la asignatura. En el caso de Caballero, que se encarga de una materia ajena a la fase general, la cifra ronda los 100 y 130. Mientras, en Castilla La-Mancha, esa cifra baja en el caso de Historia hasta las 90 pruebas. Labor que está debidamente remunerada en ambas autonomías.

 
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