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Opinión

El deseo de ser nube

Prometo no interrumpir ningún concierto, ni fastidiar ninguna función de teatro al aire libre. Ser nube, ser amable desde las alturas

Madrid

Creo que nuestros oyentes comprenderán esta mañana mis deseos de ser nube. La metamorfosis es un recurso de la naturaleza y de la poesía para negociar con la vida, y en los golpes de calor, cuando el cuerpo suda y las ideas se someten a un proceso de evaporación, ser nube es un sueño apetecible para flotar sobre uno mismo, sobre las ciudades y las sequías.

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Ser nube puede significar una vocación generosa con la sociedad. Llover sobre los 40 grados del termómetro refresca la vida, llena los pantanos, suaviza las aceras y los insomnios. Pero no tenemos arreglo. Uno se siente nube y tarda poco en pensar mal, en imaginar las travesuras que pueden hacerse en el invierno. Se sube al cielo y se busca una galería de personajes que merecen pasar un mal rato. Caer en forma de inesperado chaparrón sobre los mentirosos, los racistas, los corruptos y los avaros suena bien, una alegría. La nube se pone a esperar a la salida de un acto, sobre una puerta, a la vuelta de una esquina, y cuando la voz cantante comenta lo sucedido o lo dicho con sus asesores, estalla en un minuto una tormenta inesperada sobre las cabezas sin paraguas. Qué gusto empapar corazones secos.

Pero no, que no, que no siempre debe pensarse mal. Mejor olvidarnos del invierno. Mejor desear el bien, ser nube para asegurar el agua, para bajar los termómetros y alegrar la vida. Prometo no interrumpir ningún concierto, ni fastidiar ninguna función de teatro al aire libre. Ser nube, ser amable desde las alturas.

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