Hoy por HoyLa mirada
Opinión

Jornadas de acaloramiento

A eso de la medianoche vuelvo a abrir ventanas y salgo, de nuevo, al balcón, y por unos momentos escucho cómo se abre paso el silencio, un raro y apreciable bien común que es lo mejor que nos pasa en el día

Madrid

En estas jornadas de acaloramiento, nada me gusta más que despertar a las siete menos cinco, cuando hace algo de fresquito, abrir ventanas, salir al balcón y, con los auriculares puestos, escucharos. Y mientras hago mis ejercicios, de fortalecimiento de trapecio, pasan los viandantes a lo suyo: a trabajar, a caminar o a pasear al perro. Algunos levantan la vista y esbozan una sonrisa tipo "Mira, la vieja ésta", y me siento en comunidad. Luego cierro las cristaleras, chapo persianas y vivo para adentro, protegida del calor.

Como son días, además, de sofoco político y trastorno económico, de eso también conviene resguardarse. Algo que a mí me va muy bien es ver los programas televisivos de actualidad mañanera, pero hacerlo bien entrada la tarde. Resulta muy conveniente pues, al tiempo que entretiene, permite admirar con cuánta facilidad y elegancia decae, ante nuestros diferidos ojos, aquello que se nos dijo casi a voz en grito, y con apocalíptico tono, unas horas antes. La postergación permite, asimismo, trajinar con el mando a distancia, para adelantar a lateros y pomposos.

Estas cositas hago, aparte de hidratarme, no planchar y no ejecutar abdominales, ni a la hora máxima de sol, ni en general. Y a eso de la medianoche vuelvo a abrir ventanas y salgo, de nuevo, al balcón, y por unos momentos escucho cómo se abre paso el silencio, un raro y apreciable bien común que es lo mejor que nos pasa en el día.

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