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Ingrid García-Jonsson: "Nos han educado para ser ganadores y no para competir o simplemente vivir"

María Ripoll dirige 'Nosotros no nos mataremos con pistolas', una comedia con aires de western donde los protagonistas de una generación se enfrentan a todos sus fantasmas, desde la pérdida a la frustración, la desilusión o el autoengaño

Fotograma de 'Nosotros no nos mataremos con pistolas / en la imagen Ingrid García-Jonsson / Filmax / Photographer:Max Merz

Madrid

'Nosotros no nos mataremos con pistolas' es el título de la obra de teatro valenciana escrita y dirigida por Víctor Sánchez Rodríguez, ganador de un premio Max y es la idea que llegó a María Ripoll en tiempos pre pandémicos para convertirla en una historia cinematográfica. La película dirigida por Ripoll evoca un western en el que un grupo de amigos regresa al punto de partida vital, el pueblo, y allí se enfrentan a una serie de decisiones que han marcado su relación y a su propia guerra interna. Ingrid García-Jonsson, Elena Martín, Joe Manjón, Lorena López y Carlos Troya son los protagonistas de esta comedia en la que la comunicación, el recuerdo, la nostalgia y la aceptación serán los asuntos de los que, al principio, todos huyen, pero que tendrán que abordar para salir adelante. "Fui a ver la obra de teatro y desde ahí empezamos a trabajar mucho tiempo en el guión porque nos pilló la pandemia. Hicimos todo a través de zoom, trabajamos mucho en varias versiones de guión hasta que ya pudimos empezar con la preparación y con el casting, que también fue largo", cuenta la directora, y añade: "A mí me gustó mucho en el teatro, esa esencia que tienen los personajes, todo eso que no se dice en el subtexto es lo que me atrajo del proyecto".

La comedia con tintes dramáticos de Ripoll utiliza la atmósfera del western, los amigos de siempre regresan al pueblo con muchas cuentas pendientes y tras un suceso trágico. La ausencia de una de las amigas marca el camino de cada uno de ellos de maneras muy distintas y les hará plantearse temas como el fracaso, la desilusión, la frustración o el autoengaño frente al resto. "La película, como comedia, te hace vibrar, al estilo de Víctor Sánchez, es sanadora", afirma Ripoll, quien insiste en que el tono de comedia permite que esta sea más cercana y amable ante los conflictos que se abordan, algunos de ellos relacionados con la salud mental.

Se habla del suicidio, de sentirse 'al límite' y de encontrar un refugio para no hacer cara a la realidad que envuelve a los personajes. "Ahora debemos darle más importancia a esto que a romperse un hueso, eso se arregla. A la salud mental no se le presta atención, y ahora vemos que es necesario porque un 'cablecito' se te suelta y nadie te ayuda a nivel de la sanidad pública. Eso sí que es importante, que la sanidad pública acoja todos estos ataques de ansiedad, malos momentos y depresiones que la gente joven está pasando", afirma Ripoll. Ingrid coincide en que la salud mental debería de ser una asistencia pública y que "el gobierno debería trabajar porque estemos todos bien y eso pasa por curarnos las cabecitas".

Elenco completo durante el rodaje de 'Nosotros no nos mataremos con pistolas' / Filmax / Photographer:Max Merz

La pérdida también condiciona el tránsito a la madurez de este grupo de amigos, cuando sienten que el periodo de sus vidas en el que todo era posible y a nada le temían, ha quedado atrás y no volverán a sentirse igual. "La película habla de algo que dice muy bien María, y es que 'las pérdidas marcan tu vida' y lo importante que es poder hablar de ello, reconocerlo y seguir para delante con lo que hay", cuenta Ingrid sobre la ausencia del personaje por el que deciden volver a reunirse. "Ella desaparece en el momento más feliz de sus vidas. Sirve un poco como ancla a esos recuerdos y a esa nostalgia de la adolescencia que se ve completamente perdida, es a la que estos personajes y, sobre todo Blanca, anhela volver, a ese momento en el que todo, absolutamente todo, parecía posible", declara Ingrid.

El tiempo de preparación de una típica paella valenciana será el marco para que la narrativa indague en 'lo no dicho', todo eso que está latente pero no se verbaliza y que genera un clima de tensión y asfixia, no solo para quien calla, sino para el resto, que saben que callas. "La gente va teniendo menos miedo a ser vulnerable y a presentarse vulnerable de cara a los demás. Vamos notando que hay un respaldo a nuestro lado y que no estamos solos. Pero sí que es verdad que justamente es uno de los temas que estamos trabajando, sobre todo las generaciones que vienen, el decir que 'hemos fracasado' porque el sistema que lo ha construido no funciona y con ese fracaso a ver qué hacemos, a ver cómo lo remontamos", cuenta Ingrid, y añade: "Nos han educado para ser ganadores y no para simplemente competir o simplemente vivir y, en ese sentido, parece que ‘perder’ es lo contrario a ‘ganar' y eso ya no nos gusta tanto".

Fotograma del rodaje 'Nosotros no nos mataremos con pistolas' / en la imagen Elena Martín e Ingrid García-Jonsson / Photographer:Max Merz

Un vídeo filmado en 35mm es la puerta que abre el recuerdo de los personajes. Las imágenes que ven les provocarán una catarsis entre el presente y el pasado que les ayudará a crecer. Hoy, registramos todo lo bueno y lo subimos sin filtros a una red social dando a conocer a una persona que quizás no es la más verdadera. "Con esto de las redes sociales, estamos todo el día poniendo lo bonito y lo feliz de la vida. La verdad es que esto lleva mucho trasfondo que no se dice, lo que genera mucha ansiedad y mucha frustración. Con esta película animo a que se entablen diálogos entre amigos sobre lo que decimos, sobre lo que no decimos, lo que nos ocultamos a nosotros mismos y lo que escondemos a los otros", pide la directora, tratando de derribar las barreras y la imagen ficticia que construimos de uno mismo y que acaba siendo la que mostramos al exterior, pero que no siempre es real.

"La película tiene un factor muy importante y es que aunque sean personas de otras generaciones se van a sentir identificadas por la nostalgia, el verano, los amigos, el pueblo y las verbenas. Además del grupo de Orxata Sound System que es el grupo que toca en la película, que es fantástico y queremos que se reúnan porque es verdad, son lo más", alega la directora. Una película que también nos sumerge en los calurosos veranos en el pueblo, las fiestas nocturnas y las largas sobremesas que cuando acaban, provocan 'el síndrome del campamento de verano'. Un espacio de recreo al que llegan movidos por diferentes razones, unos quieren estar allí, otros no. Pero todos ellos deberán sanar heridas, comunicar sus miedos y ser sinceros consigo mismos. "Hago hincapié en que es una película positiva que te hace vibrar, que te hace pensar, que es una experiencia y desde aquí animo a la gente joven a volver al cine", concluye María Ripoll.

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