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'La brigada de la cocina', integración entre fogones

El francés Louis-Julien Petit dirige esta dramedia que narra la historia de una prestigiosa chef y su relación con un grupo de inmigrantes menores no acompañados

Fotograma de 'La brigada de la cocina' / Caramel Films

Madrid

'La brigada de la cocina' es la nueva película dirigida por el francés Louis-Julien Petit, una dramedia social en la que la pasión por la cocina se convierte en una salida para muchos menores no acompañados. Esta historia real llegó a oídos del director a través de su productora y Petit fue a ver a la cocinera que trabajaba con inmigrantes en el sur de Francia, mujer que inspira este relato. Fascinado por la pasión que transmitía la cocinera a aquellos chicos, decidió embarcarse en el proyecto y llevar a la gran pantalla esta pequeña historia que dice mucho de la lucha individual por hacer un mundo menos hostil. "Si hay algo que nos une a todos los humanos es la cocina, la alimentación, la comida. Y eso es lo que cuenta la película, son valores que no tienen fronteras como la humanidad y el humor", afirma Petit.

La inmigración siempre ha existido y ha sido motivada por diversas razones, guerras, la desigualad social o la violencia económica. El francés quería hacer una historia que no hablara del problema, sino que tratara de encontrar soluciones para mejorar la calidad de vida de estos jóvenes. Así se refleja en la película, cuando en los últimos minutos el teléfono de varias asociaciones francesas que sirven de enlace entre los menores no acompañados y los empresarios aparece en pantalla para hacer un llamamiento. "Cuando se estrenó la película hubo entre 5000 y 6000 llamadas de empresarios, tal y como contamos al final. No creo mucho en las instituciones públicas, pero sí que creo que ahora el cine puede ser un arma cada vez más fuerte. Al menos, mis películas funcionan como la vida, buscan una respuesta que la sociedad no te da", declara el director.

Fotograma de la película 'La brigada de la cocina' / En la imagen Yannick Kalombo como GusGus / Caramel Films

La actriz Audry Lamy da vida a Cathy, una mujer formada y con experiencia en la alta cocina. La vida tiene otros planes para ella y pasará de la Estrella Michelin a las latas de comida precocinada en el comedor de un centro de menores. Un hecho que la sacará de su zona de confort y la llevará a recordar sus orígenes de orfandad. Ella también tiene que recorrer un camino en el que debe dejar atrás un mundo elitista para involucrarse en una nueva realidad, donde priman otros valores y las prioridades son mucho más terrenales.

Los protagonistas de la película no necesitan interpretar ningún papel, saben bien de lo que están hablando. Muchos de ellos han vivido situaciones similares a lo que se cuenta en pantalla cuando llegaron a Francia siendo menores no acompañados. “Todos llevaban esa historia dentro. Por cuestiones de producción todos en la película habían cumplido ya los 18 años, salvo el personaje de Gus Gus. Las historias estaban escritas, pero es cierto que habían vivido cosas similares”, reconoce el director. El amor por la cocina que les contagia Cathy les hará luchar por un objetivo y les animará a superarse cada día. “Fue también una historia de amor y confianza entre ellos y yo, porque no conocían el guión del día siguiente, pero iban componiendo la escena con su emoción y espontaneidad. Yo no quería ser creíble, quería ser auténtico”, reconoce Petit.

Fotograma de 'La brigada de la cocina' / en la imagen las actrices Audrey Lamy y Chantal Neuwirth / Caramel Films

Una película luchadora y esperanzadora que, lejos de caer en el drama para tratar la dura situación de precariedad de los menores, elige evitar la cara más cruel y marginal y opta por una mucho más optimista, apostando por el cambio y la posibilidad de alcanzar un futuro mejor. “Porque algo sea precario no tiene por qué no tener humor, me cuesta mucho el miserabilismo. Me gusta el tono de la comedia social, donde hay un contexto duro, donde los personajes están contra la pared, pero luchan para encontrar soluciones”, cuenta el director. La realidad a la que se enfrentan los menores no acompañados no les permite muchas alternativas de inserción laboral, social o formativa, pero esta historia enseña el camino de la integración. En esta dramedia se vislumbran algunos de los obstáculos a los que los jóvenes se ven obligados a hacer frente: los prejuicios, las trabas burocráticas, el idioma o la cultura pero también el clima político de una Europa que ve avanzar la xenofobia. “Los espectadores viven la lucha de los protagonistas y los acaban amando aún más. Eso aporta esperanza y es lo que necesitamos ahora mismo”, afirma el francés.

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