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Joël Dicker: "En mis libros hay mujeres víctimas, porque que la sociedad es así. El número de feminicidios es tremendo"

El escritor suizo regresa con 'El caso Alaska Sanders', la esperada secuela de la novela sobre Harry Quebert que lo impulsó al estrellato mundial

Joel Dicker en imagen promocional / cedida

Diez años después de la publicación de La verdad sobre el caso Harry Quebert, llega a las librerías de la mano de Alfaguara El caso Alaska Sanders, la secuela de la novela que convirtió a Joël Dicker en un fenómeno literario global, traducido a 42 idiomas y con más de 15 millones de lectores. En su nueva novela, una intriga que alterna varias líneas temporales, el autor suizo recupera a Marcus Goldman, al sargento Perry Gahalowood y a Harry Quebert. Hablamos con el escritor en su visita a Madrid.

¿Tenía claro desde el principio que El caso Harry Quebert sería una trilogía? ¿Por qué volver ahora a esta historia?

He vuelto a Quebert porque desde que empecé a escribir esa novela tenía en mente, efectivamente, hacer una trilogía. El éxito llegó después de que tuviera esta idea, y en ese momento pensé que igual debía dedicarme a escribir otras cosas, quizá un noir polar, más bien porque tenía miedo de no encasillarme en un género. Luego salió El libro de los Baltimore y ya ahí tenía la idea de recuperar en algún momento esta trilogía. Diez años después tenía muchas ganas de volver y de por fin terminar esta trilogía y así llegué a Alaska Sanders pero todo ha sido, como ves sin un plan establecido.

El escritor y el policía como investigadores, ¿por qué cree que funciona esa pareja?

Es un buen dúo porque cada uno tiene su propia identidad, Marcus es un escritor y tiene una forma de investigar más artesanal, no tiene la tecnología de la policía y su investigación es más cercana a la de los lectores, a lo que los lectores podrían hacer en una situación así y se pueden identificar mucho con él. Además, como no es policía, lo que le lleva a investigar es casi una voluntad, algo pasional. Por el contrario, el policía aporta la legitimidad, porque es su trabajo y tiene los medios. Aporta una especie de validación, de conocimiento y autoridad policial que es importante porque legitima la investigación.

Sus asesinos no son psicópatas, como suele ser más habitual en la ficción, ¿es esa una de las bases del éxito de sus libros?

Es posible, porque son culpables que siempre tienen una razón por haber hecho lo que han hecho. No es que justifique sus hechos, pero sí lo explico con cierta racionalidad. No estamos ante crímenes de un psicópata que mata por azar o algo así. Al contrario, son cosas que salen de la emoción de una cotidianeidad, que cometen esos actos por una emoción que les ha provocado una gran tristeza, una ruptura, una depresión. Son cosas muy fuertes que les llevan a cometer esos actos que no son actos normales, evidentemente. Y es ahí donde el lector puede llegar a entender.

Las mujeres son las víctimas, por celos, por machismo, aunque sus libros no se basan en la violencia contra las mujeres, sí está presente, Amanda es una víctima, ¿por qué es para usted importante reflejarlo?

En mis libros, desde el primero, hay mujeres víctimas. A veces me preguntan por qué y es que la sociedad sigue siendo así. El número de feminicidios por día es tremendo, el número de mujeres asesinadas por sus parejas es insoportable. Estamos en 2022 en una sociedad que tiene toda la tecnología posible al alcance y seguimos repitiendo patrones obsoletos. Todavía la mujer no tiene el salario de los hombres, ni los derechos. ¿Qué le voy a decir yo a mi hija cuando empiece a trabajar? ¿Que eso es normal?

La portada del libro es un cuadro de Hoper en una gasolinera, ¿qué relación tiene con la historia que usted cuenta y por qué lo ha elegido?

El cuadro de Hopper es muy particular, porque cuando la vemos nos fijamos en su técnica, en el color, en la técnica, pero también en aquello que no aparece ahí, lo que no vemos y eso nos lleva a preguntarnos qué pasa ahí. Eso lleva a hacer que los espectadores sean activos, que contemplen, pero también tengan acción al preguntarse qué pasó en ese cuadro. Eso es casi más fuerte que una imagen y quería que para ilustrar una novela que pone al lector a buscar y a trabajar en la lectura, puesto que son mis compañeros, era perfecta.

¿Y por qué volver a Estados Unidos después de su relato en Suiza?

Hablo de Estados Unidos y de Nueva Inglaterra porque la conozco bien. He pasado todas mis vacaciones de infancia allí y eso me permite describirla fácilmente y eso me permite concentrarme en la intriga.

¿Hay inspiración en las series de televisión, en el audiovisual o, al revés, son las series las que han cogido sus parámetros?

Las series toman los códigos de las novelas, no solo de la mía, sino en general. Esas novelas episódicas que se publicaban en los periódicos, como El conde de Montecristo, recuerdan mucho a las series de hoy. Creo que las series han sufrido un giro enorme, frente al cine considerado el séptimo arte que ha quedado más minoritario y las series se han aprovechado de la calidad del cine, de sus actores y creadores, pero han llegado a más gente. El libro que mantiene ese código ha quedado un poco atrás, yo espero que las novelas jueguen ese papel también. Estamos en un momento en crisis, hemos salido del coronavirus, ahora tenemos la inflación y la guerra de Ucrania, y en esos momentos lo que quiere la gente es divertirse y nada es más divertido que leer un libro. Cuando lees un libro vives una experiencia mucho más fuerte que cuando ves una serie de televisión y espero que los libros superen a las series.

Ahora que menciona la diversión, a veces en la literatura o en la crítica no está bien visto que una novela sera divertida, ¿no está cambiando nada en el mundo literario?

Señalas algo importante por qué la serie ha superado al libro, porque el mundo literario se divide todavía con esa cuestión idiota de si vale o no para divertir. Una novela debe divertir, es su objetivo, es su función. Tener calidad, pero ser divertido es un elemento claro. Hoy en día la diversión se ve como algo negativo. Pero solo con la diversión le podemos dar al lector la posibilidad de ir más allá de su realidad, de meterse en esa historia. Creo que una novela no solo debe contar una historia sino también divertir.

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