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Opinión

Niños demasiado quietos

Los padres de hoy tenemos tantos miedos y nos esforzamos tanto por crear entornos seguros, que sin querer acabamos impidiendo que nuestros hijos desarrollen la confianza que da solucionar los problemas que se les van presentando

Najat El Hachmi: "Niños demasiado quietos"

Najat El Hachmi: "Niños demasiado quietos"

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Cuando llega el verano los niños vuelven a ser niños. Corretean, juegan libres, sin horarios y escapan a los espacios herméticamente reglados que hemos dispuesto para ellos el resto del año. Bueno, yo hablo de los niños que pueden estar de vacaciones porque tienen unos abuelos de lujo ya jubilados o un entorno que les permite no tener que “aprovechar” el tiempo de ocio para mejorar el inglés, el piano o hacer estancias en el extranjero.

Me angustia pensar en los hijos de las élites, atrapados, secuestrados en instituciones de alto rendimiento como colegios internacionales o qué sé yo, esas cosas raras que hacen los ricos con sus vástagos como mandarlos a un país lejano un año entero. Será que el beneficio de tanto rendimiento compensa la añoranza y el desgarro emocional que supone el destierro familiar a tan temprana edad, pero me parece que había más felicidad y bienestar en los descampados de los 80 a pesar de las jeringuillas y de los exhibicionistas que se la sacaban siempre que podían.

No es nostalgia, es que la falta de tiempo vacío, antaño tan propia de la aristocracia, se va contagiando a todas las clases sociales. Durante el curso escolar resulta casi imposible que, al salir de clase, los niños puedan vagar libremente como hacíamos los nacidos antes de los 90.

No está el precio del metro cuadrado de suelo urbano como para dejar descampados libres y ni parques hay para las aventuras infantiles, las pandillas, los juegos inventados. Encontrarse con pequeñas dificultades o situaciones inesperadas y afrontarlas robustece el carácter, nos dota de herramientas que nos servirán para el resto de la vida. Pero los padres de hoy tenemos tantos miedos y nos esforzamos tanto por crear entornos seguros, que sin querer acabamos impidiendo que nuestros hijos desarrollen la confianza que da solucionar los problemas que se les van presentando.

Las jaulas de oro de la infancia de hoy son tardes llenas de extraescolares, fines de semana de competiciones deportivas, veranos de campamentos temáticos. Algún día la generación más segura de la historia nos reprochará que le hayamos robado el paraíso que ni siquiera pudo llegar a perder.

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