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Hay que tener cuidado: no vaya a ser que la corbata apriete tanto que no deje ver la realidad

Hemos pasado dos olas de calor y de incendios, aunque el riesgo se mantiene. Uno puede no verlo o no querer verlo y entregarse a polémicas sobre las prendas de vestir

Cuidado, no vaya a ser que la corbata apriete tanto que no deje ver la realidad | La crónica de Sastre

Hace unos meses, cuando la noticia era el frío, un fotógrafo francés, de 84 años, cayó al suelo en una calle de París y nadie acudió en su ayuda. Murió congelado. Pasaron nueve horas sin que nadie le tendiese una mano, hasta que un hombre que vivía en la calle lo vio y dio el aviso. Explicó uno de sus amigos: le ha matado la indiferencia, la soledad. El egoísmo, dijo.

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Hace una semana, cuando la noticia era este calor de ahora, se supo que, en apenas tres días, habían muerto solo en Zaragoza 16 personas mayores por las altas temperaturas. Algunas llevaban varias días sin vida. Tenían un ventilador en marcha o las ventanas abiertas. Hay una realidad que apenas vemos y que el calor saca a la luz. Que tiene que ver con la soledad y con la indiferencia. La misma que ha habido con la crisis climática. Pero eso es lo que ya está aquí: ha terminado el julio más caluroso de los últimos años y la Aemet advierte de un nuevo episodio de calor inminente. Los embalses están de media al 41% de su capacidad. En Andalucía, al 30%.

Hemos pasado dos olas de calor y de incendios, aunque el riesgo se mantiene. Uno puede no verlo o no querer verlo y entregarse a polémicas -que en este país hay pocas- sobre las prendas de vestir. Pero hay que tener cuidado: no vaya a ser que la corbata apriete tanto que no deje ver la realidad.

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