Hora 25El análisis de Xavier Vidal-Folch
Opinión

Bajar impuestos, cuádruple sinsentido

Bajar impuestos a mansalva es un sinsentido económico. Contra lo que dicen sus profetas, no sirve para atraer inversión, aumentar la recaudación y hacer crecer la economía. Está comprobado científicamente que eso es falso

El presidente de Andalucía, Juanma Moreno, durante su intervención en la primera jornada de la 25 reunión Interparlamentaria del PP que pretende sentar las bases del programa del partido, este sábado en Toledo. EFE/Ismael Herrero / Ismael Herrero (EFE)

Barcelona

Bajar impuestos en una comunidad (Andalucía) para perjudicar a otra (Cataluña) es un sinsentido nacional. Es la estrategia de "empobrecer al vecino", que costó muy cara, políticamente, en los años treinta, y que fue realizada con otros instrumentos, las devaluaciones monetarias. Y lo es más si quienes la practican tienen todo el día la "unidad nacional" en la boca. La pisotean. Desvirtúan un impuesto universal, el de patrimonio, mediante exenciones autonómicas, por la puerta de atrás.

Bajar impuestos, cuádruple sinsentido

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Bajar el impuesto del patrimonio a 20.661 ricos andaluces, como dar becas educativas a miles de hijos de ricos madrileños, es un sinsentido social: lo que se les "regala" tendrá que ser detraído a otros, más pobres, aumentándoles los impuestos; o quitándoles beneficios sociales en la sanidad, la escuela o los barrios. Es impropio de un partido que dice preocuparse de las familias. Parece ocuparse de enriquecer a las "grandes familias".

Bajar impuestos de forma general (otra cosa es alguno concreto) es un sinsentido presupuestario. No se puede gozar del estado de bienestar escandinavo con las recaudaciones de impuestos misérrimas de los paraísos fiscales, donde nadie paga nada.

Bajar impuestos a mansalva es un sinsentido económico. Contra lo que dicen sus profetas, no sirve para atraer inversión, aumentar la recaudación y hacer crecer la economía. Está comprobado científicamente que eso es falso. Lo intentaron Ronald Reagan y George Busch y fracasaron. Bajaron el tipo máximo del impuesto de la renta a casi la mitad. Recaudaron menos que antes. Y además aumentaron el déficit y la deuda pública a cifras astronómicas.

Esa política puede sonar a música celestial para el contribuyente. Pero es un disparate total.

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